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Los Jaunti a la conquista de las Bardulias

Mientras la Inercia permanece aferrada a sus argumentos rutinarios, Mikel continúa aportando datos que refuerzan de manera cada vez más sólida y sugerente la teoría de una vasquización tardía de la Vasconia occidental. (La «Inercia»: denominación que utilizo para referirme al conjunto de planteamientos historiográficos que, pese a las nuevas evidencias y revisiones metodológicas, siguen reproduciendo esquemas explicativos heredados, sin apenas matices ni actualización crítica.)

Huerta de Arriba (Burgos). 1083, doña Elvira dona a San Millán de la Cogolla el monasterio de San Mamés en Huerta de Arriba, con sus dependencias et tota illa hereditate que fuit de Ionti Galindo, id est: ferragines, et solares et linares.

Recientemente ha visto la luz un nuevo trabajo de nuestro autor, titulado Anthroponyms “nested” in toponyms: Some Early Medieval Basque anthrotoponyms as a case in point (Onomastica Uralica 19). Reproduzco la introducción traducida:

La investigación onomástica resulta esencial para el estudio de las múltiples dimensiones de una lengua, sean lingüísticas o extralingüísticas. Abarca elementos que pueden vincularse, de manera simultánea o independiente, con su historia interna y externa, su sociología, la historia de sus hablantes y sus movimientos poblacionales, entre otros aspectos. Además, en contextos donde la información sobre una lengua es escasa o inexistente, la onomástica puede ser la única fuente disponible para el investigador durante una o varias fases. Como veremos, esta limitación es crucial en la historia del euskera. El propósito de este artículo es exponer un caso en el que la investigación de las huellas dejadas por los antropónimos en diversas fuentes puede ayudarnos a esclarecer la historia externa del euskera durante una fase para la que, de otro modo, carecemos de información. De hecho, ha existido una larga controversia sobre si el euskera penetró, durante los siglos oscuros (ca. 300-900), desde Navarra hasta la Llanada alavesa, y de allí a Bizkaia, al norte, y a Burgos, al oeste y a la Rioja, al sur. Creo que un argumento de peso a favor de esta propuesta puede sustentarse en la investigación antroponímica pues permite esbozar la proyección de los nombres personales más frecuentes del grupo poblacional que se expandió desde la Llanda alavesa en diversas direcciones, e incluso trazar un primer mapa de los circuitos antroponímicos entre los siglos VI y XI. Estos nuevos datos constituyen solo una parte de una investigación más amplia que estoy llevando a cabo sobre la historia completa del euskera —desde el vasconio‑aquitano de los siglos I‑III d. C. hasta el vasco medieval— en una línea similar.

Lista de los nombres personales más frecuentes del grupo poblacional que se expandió desde la Llanda alavesa en diversas direcciones entre los siglos VI y XI

El origen de estos nombres se ajusta al marco metodológico que expone Mikel en el apartado central del artículo.

Prehipótesis 1: El aquitano-vascónico sobrevivió al proceso de latinización en Aquitania, no en Navarra. Cuando este aquitano, ancestro directo del vasco histórico, entró en la cuenca de Pamplona (Navarra), probablemente alrededor del siglo IV, se asoció con un tronco antroponímico específico, traído por los aquitanos y que se renovaría constantemente durante los siglos oscuros.
Prehipótesis 2. Una vez que el euskera penetró en la Llanada alavesa, probablemente en el siglo VI, este tronco antroponímico se enriqueció con varios antropónimos nuevos: algunos latinos, otros paleohispánicos de origen oscuro, algunos visigodos, además apelativos comunes vascos que, por onomatización, se convirtieron en antropónimos.
Hipótesis principal. Dentro de este último grupo, hubo un subgrupo de calificativos con el sufijo -ti, que indica propensión en euskera histórico, a menudo con matiz negativo, como en lo-ti ‘dormilón’, lotsa-ti ‘tímido, vergonzoso’, gezur-ti ‘mentiroso’, etc. Estos nombres personales tuvieron una vida efímera, surgieron en la Llanada alavesa entre los siglos VI y VIII, se extendieron a Bizkaia, Burgos y la Rioja, pero desaparecieron para el siglo XII. Lo relevante es que algunos sobrevivieron hasta la aparición de las fuentes diplomáticas y quedaron atestiguados en ellas (al margen de su presencia en topónimos deantroponímicos), mientras que otros solo pueden deducirse por su aparición «anidada» en este tipo de topónimos.

El autor ha examinado los nueve topónimos recogidos en la tabla, todos ellos vinculados a este mismo origen, apelativo + sufijo -ti: 1. Jaunti (Jaundi, Jonti, Jondi), 2. Larriti (Ralliti), 3. *Areti (Aretio), 4. *Oreti (Oretia), 5. *Neketi (Leketio), 6. *Neguti (Leguntia), 7. *Momoti, 8. *Gomizti, 9. Belati. De todos ellos, el más prolífico fue Jaunti, cuya expansión, además de abarcar Álava y Vizcaya, avanzó hacia el oeste y el sur por Burgos y la Rioja. De ahí la pertinencia del corónimo «Bardulias» en el título de esta entrada, un territorio conocido posteriormente como Castella Vetula (Bardulies quae nunc Castella vocatur, Crónica del Alfonso III, cf. Georges Martin, Javier Iglesia, Bernardo Estornés, Celtiberia.net, Wikipeda, etc).

Area de distribución de nombres propios con sufijo -ti (Mikel Martínez Areta, 2025)

El autor plantea los requisitos que deben cumplir los antropónimos de este particular stock onomástico.

Si no disponemos de fuentes directas durante aproximadamente cinco siglos, debemos indagar en procedimientos indirectos para intentar averiguar qué sucedió con la lengua durante ese período. Por supuesto, lo primero que tendremos que hacer es inspeccionar los datos que tenemos antes y después de esa brecha, e intentar hacer una proyección de lo que pudo haber existido en ese periodo. Esto es particularmente cierto en el caso de los antropónimos, que están sujetos a modas y cambios lingüísticos, pero a menudo conservan rasgos durante largos períodos de tiempo. En nuestro caso, podemos prescindir de los datos atestiguados anteriormente, ya que los nombres personales que propongo se crearon durante la brecha, no antes.

Las fuentes posteriores al intervalo que nos ocupa son principalmente cartularios de monasterios surgidos entre los siglos X y XI, algunos dentro de la zona de influencia del reino de Pamplona (hoy en el territorio de La Rioja, donde se expandió el reino) y otros del condado de Castilla (reino desde 1065). Estos cartularios contienen documentos en latín que tratan sobre la administración de cada monasterio, como transacciones de compraventa, donaciones de tierras realizadas por nobles para la salvación de sus almas, registros de sus sirvientes, etc. Gracias a estos documentos, tenemos un número creciente de antropónimos y topónimos. Es importante señalar que todos ellos se encuentran fuera del actual País Vasco, donde los nombres personales que estudiaré surgieron o se extendieron hacia el norte. Sin embargo, estas fuentes son importantes por dos razones: (a) se encuentran en las zonas donde se difundieron los nombres personales, y (b) en el caso de San Millán, el monasterio tuvo posesiones tanto en Álava como a partir del siglo XI en Bizkaia (muy alejadas del monasterio), por lo que algunos documentos reflejan algunos nombres personales y de lugar de zonas no representadas en los demás cartularios.

Ignoro qué pensarán los lectores adscritos a la Inercia, pero, desde mi perspectiva, esta aportación —que exige una lectura atenta del texto original— resulta sumamente enriquecedora para comprender el tránsito lingüístico entre la Antigüedad y la Edad Media, ese periodo tradicionalmente considerado “oscuro”.

33 respuestas a «Los Jaunti a la conquista de las Bardulias»

Casa-torre de Gorritiz (antes Luno, hoy Forua, torre Perejil/Peristegi). Gorriti pueblo de Navarra y personaje humorístico. Gorriz pueblo de Navarra. ¿Era pelirrojo el creador de la estirpe? Este Gorritiz creo que es el único sufijado -IZ con sabor a euskera de todo Bizkaia (al menos que nos haya llegado).

Mikel no entiendo muy bien la propuesta, ¿se puede derivar de lo que dices que localidades como Lekeitio, Areitio, Legutio/ano, Momoitio u Orexa (Oretia), provendrian de esos antropónimos en concreto y de esos siglos? Sería un buen paso en la estratigrafía de la toponimia vasca.

Gracias por tu comentario, Dionisio. Mikel me comentó que pensaba responder, pero parece que anda ocupado atendiendo a Eneko, uno de nuestros lectores más constantes. A todos os estoy muy agradecido: sois quienes mantenéis vivo el dinamismo de Trifinium.

Ignoro el origen de Gorriti, que, al igual que Haizeti, presenta indicios de seguir el mismo patrón morfológico que Jaunti, Neguti o Neketi. Si he entendido bien, Mikel ha planteado tres requisitos para este tipo de nombres:

  1. Que su origen pueda rastrearse en el seno de la Llanada alavesa entre los siglos VI y VIII.
  2. Que su periodo de expansión y vigencia se inscriba en una horquilla temporal comprendida entre los siglos VIII y XII.
  3. Que se documenten en los cartularios medievales de monasterios surgidos entre los siglos X y XI dentro de la zona de influencia del reino de Pamplona, o del condado de Castilla (reino desde 1065).

Los monasterios que cumplen con estos requisitos son:

1. San Millán de la Cogolla
2. Santa María de Valpuesta
3. San Martín de Albelda
4. Nuestra Señora de Valvanera

Además, de otras colecciones de ese periodo de la Rioja, Vizcaya, así como inscripciones en necrópolis vizcaínas.

“-ti” atzizkiak emankortasun berri bat erakutsiko du ziurrenik hurrengo hamarraldietan, “-ki” orain bertan Danele Sarriugarteren eskuetan erakusten ari denaren parekoa. Mikelek pintatu orain dela mila urteko arabar izpiritua berreskuratu beharra dago. Adibidez, praktikoak dirudite, nekati edo neketiren bidetik, fedeti edo fedati: fededun izateko joera duen pertsona. Fededun izateaz gain, fedetiak lirateke, kasurako, 60ko hamarraldiaren amaieran seminariotik marxismo erlijiosora igaro zirenak.

Dena den, zalantzazkoa da emankortasun hori mugagabeki heda ote litekeen: gaur egun, euskaraz irakurtzeko ohitura duen edozeinek ulertuko lituzke lehenbiziko kolpean “neketi” zein “fedeti”, eta liburuan aurrera jarraituko luke arazo barik. Ordea, “sinesteti” edo “ateoti” irakurrita (ateismorako joera duen pertsona), irakurraldia eten beharko luke, hiztegietan kontsultatu, eta, emaitza hutsa litzatekeenez, bere kabuz deszifratzeari ekin. Eta hori ez da idazle guztiek amets duten irakurlearen jarrera.

Edozelan ere, nekatik eta neketik berriro darakutsatenez, euskararen soinuak, hemengo txoko txiki honetatik mugitu barik, munduko musikak dakarzkizu; besteak beste, Kongoko eta Burundiko, Txinako eta Japoniako, eta Afrika iparraldeko perfumeak.

Swahiliz eta lingalaz mintzo direnei, adibidez, ez zaie batere arrotza egiten banu bahu balu…

Zaik, zain, zedin eta zidan esanda, Rifera zoaz, edo Atlas mendikateko erdigunera, amazigen lagunartera.

Txinera: nindinan, noakin.

Eta neketi eta nekati horiek japonierarekin senidetzen gaituzte, nioke, nakioke, narama eta Doraemon katu kosmikoarekin batera.

Beste hizkuntzak ikasteko orduan, bide erdia egina dugu.

Azkenaldiko albisterik pozgarrienetakoa da EHU Koldo Mitxelenaren idazlan guztiak pdf-n doan irakurtzeko edo jaisteko eran jartzen ari dela. 15 liburuki dira, eta dagoeneko eskuragarri dauzkagu lehenbizikotik zazpigarrenera artekoak. 8-15 baino ez zaizkigu falta. Bilaketa-tresna indartsu bat sortu dute gainera:

https://www.ehu.eus/koldomitxelena/aurki

Historia y geografía de la lengua vasca du bosgarren liburukiak izena, eta Mikelen lanaren testuinguru egokia dakarte hor bildutako artikulu bik: “Onomástica y población en el antiguo reino de Navarra: la documentación de San Millán” eta “Sobre la lengua vasca en Álava durante la Edad Media”. Bosgarren liburuki hori, hementxe:

https://web-argitalpena.adm.ehu.es/listaproductos.asp?IdProducts=UFGPD267166

Mitxelenaren testuekin kontrastaturik hobeto ulertzen da zertan den Mikelen datuen eta ikuspuntuen berritasuna.

Mila esker, Markos.
Berri paregabea! Aurrerantzean askoz errazago gertatuko zaigu Mitxelenaren gogoetan murgiltzea.

El último mensaje de Markos (02/02/2026) me ha hecho recordar esta reflexión tardía de Luis Michelena (así firmaba el propio autor) con la que cerraba un artículo publicado en 1986, apenas un año antes de su fallecimiento el 11 de octubre de 1987.

Por cierto, que, si los «vascongadistas» tuvieran razón, es decir, si la lengua vasca nos hubiera sido traída desde Navarra en tiempos más recientes, nosotros, con los vizcaínos a la cabeza, bien podiamos ser cántabros o próximos parientes de estos. Lo antiguo y lo nuevo se encuentran a veces de modo inesperado.

Interpreto que en su pensamiento seguía presente la posibilidad de una expansión medieval de la lengua desde Navarra hacia el occidente de Vasconia, en coherencia —o como un capítulo previo— a su avance hacia las cuencas altas de los ríos Oja y Tirón en época condal castellana (ca. siglo VIII). Esta idea estaba ya en la ponencia de 1976, mencionada por Markos, ‘Onomástica y población en el antiguo reino de Navarra: la documentación de San Millán’ (ver Trifinium 15/10/2014). Y vuelve a ella en 1981 ‘Sobre la lengua vasca en Álava durante la Edad Media’. Copio:

Hay un hecho que, desde los primeros testimonios medievales, se nos muestra con total claridad. Álava es sin duda una zona donde se dan como formas únicas barri «nuevo» y baltz «negro». No es que esta isoglosa, en que a se opone a e de central y oriental berri, beltz, sea en sí misma de una importancia excepcional: lo que la hace excepcional es la transparencia que ofrece ya desde los siglos X-XI, circunstancia muy poco frecuente entre nosotros [..] si a es una innovación, es una innovación que el euskara de Álava comparte con el medieval de la Rioja Alta y de Burgos.

La mejor explicación de esta comunidad se encuentra en la idea que con tanta claridad expuso José María Lacarra en Historia política del reino de Navarra (1972: 165):

«Más confusos son los límites del reino en el sector fronterizo con Castilla… El elemento humano no marcaba una frontera tajante, ya que los repobladores alaveses [soy yo quien subraya] habían ido penetrando desde antes, lo mismo que en el valle de Ojacastro, en los vecinos del río Tirón, Oca y Arlanzón. Es precisamente en estas regiones donde Fernán González, conde de Álava y de Castilla, encuentra apoyo para sus diferencias con el rey de León».

Personalmente, me inclinaría a pensar que la penetración había empezado ya bastante antes de los avances de Sancho Garcés I en el primer cuarto del siglo X, pero lo que interesa en este punto es el carácter alavés, natural dado que eran alaveses quienes se hallaban en primera línea, de la gente que bajando de tierras septentrionales penetró muy adelante en la orilla sur del Ebro.

Unos párrafos más abajo reflexiona sobre la hipótesis «vascongadista» tan palpable en el territorio alavés:

[S]erá siempre ocioso el interrogar a los autores clásicos sobre la lengua de los várdulos y caristios, por no hablar de la de los autrigones: aunque éstos callen, todo el mundo parece estar de acuerdo en que los vascones, por aquello del nombre y también porque el euskara al fin y al cabo tuvo que hablarse ya entonces en alguna parte, no lejos de aquí, eran vascos de lengua, aunque con razonable seguridad esto no debía ya de ser cierto para todos ellos en el siglo I a.C. Por lo que ellos nos dicen, tanto se puede sostener que várdulos y caristios, al menos en la parte norte de su territorio, hablaban la misma lengua que los vascones septentrionales, como que la coincidencia se daba más bien hacia el oeste, con las hablas cántabras sin duda indoeuropeas, ya que a veces los textos parecen olvidarse de su existencia específica al incluirlos, por omisión o comisión, entre los cántabros.

Razones de economía vs. de “fuerza excepcional” en la década de los ochenta, en abierta contradicción con autores como Schulten, Gómez Moreno, Menéndez Pidal o Sánchez Albornoz, hacia quienes Michelena por lo demás mostraba una consideración muy positiva.

Somos bastantes los que pensamos que la primera hipótesis es la que tiene más probabilidad de ser correcta, aunque sólo sea por razones de economía: para pensar que una lengua que luego vemos firmemente implantada en un territorio hasta el día de hoy es ahí advenediza, tiene que haber razones de fuerza excepcional.

La idea contraria, la de un corrimiento por el que los «vascongados» somos «vasconizados» antes que vascos de lengua, es la que ha sido defendida, con más o menos energía, por autores como Schulten, Gómez Moreno, Menéndez Pidal
y Sánchez Albornoz quien, al igual que Schulten, se apoya en la interpretación de las fuentes históricas. Asigna, además, una fecha a la «expansión» durante el siglo y medio que precede a la consolidación por Leovigildo del reino visigodo de Toledo y a su «fundación» de Victoriaco el 581, período durante el cual «con raros intervalos, los vascos vivieron… a su arbitrio, sin otra ley que su capricho».

Las pruebas de la onomástica personal «hacen inevitable la conclusión de que hubo entre nosotros, y más concretamente en zonas alavesas, núcleos de población de lengua indoeuropea, al parecer céltica»:

Gómez Moreno se apoya sobre todo en el testimonio de la onomástica personal. También está basada en los nombres propios la concepción de M.ª Lourdes Albertos: véase sobre todo su «Álava prerromana y romana. Estudio lingüístico» (1970: 107-223), trabajo de suma importancia respecto al cual mis puntos de desacuerdo se refieren mucho más a lo prerromano que a lo propiamente romano. Parece claro, aunque no sé que esto se haya dicho expressis uerbis en algún lugar, que para esta investigadora el elemento vasco, como de toda evidencia el latino, constituyen una especie de superstrato que se sobrepone a un fondo indoeuropeo anterior mientras que para otros como yo este elemento indoeuropeo se impuso, sin llegar a cubrirlo, por encima de un sustrato éuskaro.

[…] En cuanto a los nombres de población, mientras Oiassō o Itourissa, Turissa en territorio vascón, pueden alegar una procedencia éuskara, no ocurre otro tanto con los nombres que se alinean a lo largo del Iter XXXIV o no lejos de él en Álava: Veleia, Suessatio (Souestasion), Toullonion, Alba, etc. Si éstos y algún otro tienen más que un aire indoeuropeo, esta filiación salta a la vista en dos nombres recogidos por Ptolomeo, en territorio hoy guipuzcoano: el del río Dēoua y Trition (Touborikon). Que este último, que se repite en la Rioja Trition Metallon, hoy Tricio, y Tritium ya en tierras de Burgos, está dir ectamente emparentado con lat. tertius, etc., es algo de que no cabe dudar. Todavía da menos lugar a la duda el nombre del río, que se repite más al oeste en la costa cantábrica y lejos de aquí en la Gran Bretaña, por ejemplo: se trata de una denominación que, además de indoeuropea, es inconfundiblemente céltica.

En cuanto a los nombres de persona, además de los latinos como Fuscus, Licinius, Secundiana, Sempronius, Seuerus, bastantes de los cuales han dejado clara huella en la toponimia alavesa, hay otros como Ambata, Boutius, Segontius, cuya no latinidad es tan clara como su procedencia indoeuropea. En dos lugares por lo menos habla Untermann de los antropónimos celtibéricos en Álava y, más expresamente, de «una fuerte población celtibérica en la frontera entre Navarra y Álava asegurada» por los nombres de persona.

Javier de Hoz (1981: 34 y ss) insiste con razón, y se apoya en otra publicación del mismo Untermann, en que no basta con razones etimológicas para concluir que los nombres permiten inferir con certeza la lengua de sus portadores. Se diría con todo que, aquí, nombres de lugar más nombres de persona hacen inevitable la conclusión de que hubo entre nosotros, y más concretamente en zonas alavesas, núcleos de población de lengua indoeuropea, al parecer céltica.

¿Convivencia de poblaciones?

Con eso no se ha excluido que esos núcleos convivieran y compitieran con otra población de lengua muy diferente. Sería vana especulación, de cualquier modo, el tratar de precisar, con la escasa documentación de que disponemos, la relación en que se encontraban una y otra comunidad así como sus lenguas respectivas. No será, con todo, impertinente insistir en lo que he llamado el carácter recesivo de la lengua vasca, patente a lo largo de dos milenios, de su retraimiento que es el retraimiento de sus hablantes a manifestarse por escrito.

Me permito, con todo, agregar como postdata (in cauda uenenum)
que la dialectología vasca, con sus isoglosas que van de norte a sur, no favorece en nada la hipótesis del corrimiento de la lengua hacia el oeste. Que entre los siglos V-VI y el X se haya constituido un dialecto tan diferenciado como el vizcaíno nos obligaría a aceptar un tempo que no es el habitual en tales procesos.

Me cuesta creer que Michelena interpretara las isoglosas de los dialectos vascos en un eje norte‑sur, cuando en todas las representaciones conocidas se disponen claramente de este a oeste, reforzando de manera notable la hipótesis del “corrimiento” de la lengua en este sentido. Y, en efecto, la fractura del euskera occidental entre los siglos VI y X resulta coherente con la fractura política que se produjo entre la Cuenca de Pamplona y la Llanada alavesa tras la invasión musulmana de 711 y con la periodización de los cambios que él mismo había esbozado.

Discrepo, Joseba, leemos de diferente manera el texto de 1986, el primero que has copiado. Creo que si Mitxelena pensara que los tardistas tienen razón habría sido más explícito (a veces firmaba Luis Michelena y otras Koldo Mitxelena).

No temía meterse en discusiones y líos, incluso sacrificando amistades. Me da la impresión de que en ese párrafo se limita a jugar con una hipótesis que no coincide con lo que él piensa. No hace falta asumir una hipótesis para imaginar alguna de sus consecuencias. Aunque conocía bien el “vascongadismo”, nunca lo hizo suyo. En “Notas sobre las lenguas de la Navarra medieval” lo desmonta con contundencia, por ejemplo en las páginas 381-384.

Joseba, los dialectos son los que van de este a oeste, las isoglosas van de norte a sur, salvo alguna reciente como la aspiración que coincide con la frontera estatal.

Perdón, correcto, Orkeikelaur (apud Koldo Mitxelena): que los dialectos vayan de este a oeste (y las isoglosas de norte a sur o viceversa) es totalmente congruente con
la expansión de la lengua desde el Pirineo central al occidental y desde la cuenca de Pamplona a la Llanada alavesa. Sigo sin entender el inconveniente que planteaba nuestro autor de marras.

Markos:

En “Notas sobre las lenguas de la Navarra medieval” lo desmonta con contundencia

Este tipo de hipérboles quedaba completamente fuera de su registro.

Discrepo de nuevo, Joseba. A ver si algún día coincidimos en algo.

Dices que quedaban completamente fuera del registro de Mitxelena hipérboles como la que dice que en “Notas sobre las lenguas de la Navarra medieval” desmontó con contundencia el vascongadismo.

Para mí, Mitxelena fue un maestro de la hipérbole, tanto a la hora de ensalzar (reseñas de métodos para aprender euskara o de libros del Padre Villasante) como a la de denostar.

Sus escritos más populares están repletos de hipérboles denostadoras (por ejemplo, el texto sobre la película “Cancha vasca”). La ironía y el sarcasmo adornaban a menudo sus hipérboles contra los que boicoteaban el euskara batua, pero también las que utilizó contra Txillardegi. La cólera empapaba sus hipérboles contra quienes utilizaban el asterisco inapropiadamente.

No creo que lo hiciera con ese objetivo, al menos conscientemente, pero da la impresión de que esa destreza en el uso de la hipérbole reforzó la visión de Mitxelena como gran autoridad académica y su papel como árbitro del rigor filológico.

Y es que, además del vascongadismo, descalificó y desmontó contundentemente la tendencia a convertir el euskara en mitología y los postulados de cierto nacionalismo cultural deseoso de grandeza histórica, que se ahorra la humilde y paciente aplicación del método filológico y lo fía todo al entusiasmo y a la ocurrencia.

Coincido contigo, Markos: Mitxelena modulaba su registro en función del contexto discursivo y del tipo de audiencia.

Sus escritos más populares están repletos de hipérboles denostadoras (por ejemplo, el texto sobre la película “Cancha vasca”). La ironía y el sarcasmo adornaban a menudo sus hipérboles contra los que boicoteaban el euskara batua, pero también las que utilizó contra Txillardegi. La cólera empapaba sus hipérboles contra quienes utilizaban el asterisco inapropiadamente.

No niego que el sarcasmo y la ironía impregnaran sus escritos más combativos en la arena pública; sin embargo, en sus trabajos estrictamente académicos, la prudencia, la mesura y la duda metódica templaban perceptiblemente su expresión. Fui alumno suyo durante tres cursos, entre 1980 y 1983, y su apertura de mente y ausencia de apriorismos dejaron una profunda huella en mi formación intelectual.

Voy a las páginas que citas, Markos, en las que afirmas que “desmonta con contundencia” el vascongadismo. No acabo de ver esa supuesta contundencia:

Esto, que no es concluyente, es un indicio tan válido como muchos otros que en este debate se aducen. Sabemos muy poco de cronología absoluta; entre los fenómenos se puede a lo sumo establecer una ordenación relativa parcial, cuyo correlato real tiene que ser, descontadas algunas reordenaciones sobrevenidas en el curso de los siglos, una sucesión en el tiempo real. n12 Tampoco puede fijarse una correspondencia biunívoca entre geografía e historia, pero es creencia universal que la forma y disposición de las áreas refleja de alguna manera los acontecimientos pasados.

Copio la nota 12:

Las bases teóricas de la dialectología están poco seguras en estos momentos. Personalmente, no creo que los hechos de léxico (con inclusión de cuanto toca a la materialidad, a la configuración fónica, de los «formantes» usados como señal) tengan la pertinencia que el uso les confiere en este género de estudios. No es descabellado pensar que su distribución, como la de los genes de una población, es más o menos aleatoria. Tendrán que ser las «reglas», y en primer lugar las reglas fonológicas, las que constituyan el apoyo más estable de una clasificación y ordenación temporal.

Muy interesante esta apelación a las reglas —con mención expresa a las fonológicas— como criterio para abordar la dialectología. Es una de las máximas que su escuela lleva más a rajatabla. Soy de la opinión (compartida por ejemplo con Inés Fernández Ordoñez) de que los “hechos del léxico” aportan a menudo indicios de gran valor, especialmente cuando se trata de préstamos o calcos de otras lenguas, aspecto en el que los atlas lingüísticos constituyen una fuente de información de primer orden (véase la entrada de 07/11/2017).

En los párrafos precedentes (páginas 381-383), expone sus reparos hacia las tesis de Sánchez Albornoz, a quien identifica con uno de los representantes más destacados del “vascongadismo”:

No sé exactamente cuáles son las razones que tiene Sánchez Albornoz para afirmar que «las tribus vasconizadas», precisamente a partir del siglo V, «crearon… sus propios dialectos del vasco».n8 Si esto significa que las divergencias atestiguadas pueden no ser anteriores a esa fecha, no voy a negarlo, puesto que sabemos demasiado poco acerca del ritmo de los cambios lingüísticos. Pero que puedan no ser anteriores no significa que no puedan ser anteriores.n9 Nos movemos en los limbos de la posibilidad pura, donde no es sensato negar nada (possibilia non negabo, siguiendo el sano consejo escolástico), pero donde falta suelo firme para asentar nada sólido. Con todo, los que afirman y los que niegan no están en paridad de condiciones. Por un principio universal de economía, son los que afirman la realidad de una migración, en otras palabras Sánchez Albornoz y los que piensan como él, los que cargan, como el fiscal en un tribunal fundado en derecho, con el onus probandi; no los que, sin negarla (¿para qué van a hacerlo?), se limitan a decir que no les consta que existiera.

Copio la nota 8:

Aquí, como en otros lugares, remito a las referencias de González Ollé. Las palabras citadas parecen suponer que, al occidente, la divergencia se produjo a partir de una lengua «vascona» poco diferenciada, importada desde Navarra; aquí, con inclusión de la Navarra de Ultrapuertos, la división dialectal atestiguada tendría que tener orígenes más antiguos. Sin embargo, como es bien sabido, es el límite oriental del vizcaíno el que, entre todos, tiene perfiles más abruptos, por la acumulación en corto espacio de un gran número de isoglosas. ¿Por qué esto, si son relativamente recientes?

Varios autores hemos abordado esta paradoja: la acumulación, en un espacio tan reducido como la cuenca alta del río Deva, de un gran número de isoglosas (Elena Barrena, Koldo Zuazo y yo mismo). Esta concentración se explica por el origen de las variantes dialectales que, en fechas relativamente recientes, se habrían expandido desde el sur de la división de vertientes hacia la cornisa cantábrica: desde la cuenca de Pamplona hacia los valles guipuzcoanos del Oria y del Urola, y desde la Llanada alavesa hacia el alto Deva y las cuencas del Gorbea.

Copio la nota 9:

No se trata de un juego de palabras [«que puedan no ser anteriores no significa que no puedan ser anteriores»], sino de expresar una diferencia radical
que la lógica modal permite indicar de una manera mucho más precisa, aunque acaso menos pintoresca. Es evidente que «no pueden ser anteriores» significa que son necesariamente posteriores.

Estamos ante la cuestión de la cronología del comienzo de la diversificación dialectal, para la cual existe hoy consenso: se sitúa después del siglo VI, a partir de un trabajo fundamental del propio Mitxelena publicado en 1981 (un lustro posterior al texto que aquí comentamos).

Sigo con la argumentación:

Ahora bien, si nos atenemos a la distribución geográfica de los fenómenos lingüísticos, se constata a primera vista que una buena parte de las isoglosas vascas corren de norte a sur.n10 Para ser más precisos, corren de noroeste a sudeste, no de noreste a sudoeste, como sería de esperar dentro de la hipótesis que comentamos. La denominación de «guipuzcoano de Navarra» (Burunda, parte de la Barranca, Ergoyena), fraguada por Bonaparte, no es del todo arbitraria, ya que se funda en bastantes rasgos, más «occidentales» acaso que «guipuzcoanos». No es menos occidental la toponimia de Lana; añádase que hoy se puede asegurar que el vasco de Sabando (Álava), no muy
lejos de ese valle, se caracterizaba por un conjunto de particularidades completamente occidentales. Muchas de ellas son de las que, con razón o sin ella, se suelen considerar típicamente vizcaínas.n11

Koldo Zuazo, en sus múltiples contribuciones, creo que ha dejado relativamente zanjado el origen occidental de las variedades navarras de la Burunda y del valle de Lana, un aspecto sobre el que vemos que Mitxelena aún albergaba algunas dudas. (Me salto las notas 9 y 10 que, aun siendo muy valiosas, no añaden nada que afecte al meollo de nuestro debate.) En definitiva, Markos, lejos de percibir la contundencia de la que hablabas a la hora de rebatir la opción vascongadista, veo en estos párrafos prudencia y mesura argumentativas, además de manifiestas cautelas metodológicas. Mikel y yo mismo hemos expuesto en varias ocasiones que la dialectología vasca le sienta como un guante a la expansión altomedieval del euskera. También somos de la opinión de que los “argumentos de fuerza mayor” a los que aludía Mitxelena se han materializado en los avances de nuestro conocimiento de la onomástica y en las aportaciones de la arqueología —de la mano de Agustín Azkarate— dentro del marco historiográfico desarrollado en su tesis doctoral por Mikel Pozo (ver 19/02/2023).

Termino subrayando un estereotipo que, a la vista de nuestros conocimientos actuales, considero insostenible:

el carácter recesivo de la lengua vasca, patente a lo largo de dos milenios, de su retraimiento que es el retraimiento de sus hablantes a manifestarse por escrito

Apenas hay toponimia ni antroponimia vascuence en Autrigonia, Bardulia o Caristia hasta la alta Edad Media. Todo el mundo conoce el nombre de los oppida-Virovesca (Briviesca), Tritium (Monasterio de Rodilla), Deobriga (Arce-Mirapérez), Antecuia (Pancorbo), Segontia Paramica (Cigüenza, Villarcayo), Vindeleia (castros de Soto de Bureba), Segisamonculum (Cerezo del rio Tirón), Salionica (Poza de la Sal), Vxama Barca (Osma de Valdegobía, Alava), Alba (Salvatierra), Gebala-Gebalaeca, Tullonium (sierra de Toloño, Alegría-Dulantzi), Segontia Paramica, Tritium Tuboricum, Thabuca etc…. Bastante célticos verdad ????

Valpuesta está en Val de Gobía, frontera entre caristios y autrigones, y el Becerro indica claramente que estamos en territorio romance. Ahora bien, junto a nombres latinos y godos en los primeros documentos ya tenemos repobladores vascuences-Obeco (Ovieco), Abayza, Ahostar-Affostar, Annaso-Analso, Amunnu, Amusco, Anderazu-Enderazu-Anderaza, Anderguina-Anderkina, Argisso, Assuri, Dulquiti, Duranco, Ereti, Hanni, Iaunso, Ionti, Izani, Kara, Lihoti Munnata-Munassum, Nequeti, Olaquide, Ozoa, Zorraquinus.

Cuando llegaron? supongo que entre los siglos VI-IX AC, a tiempo para aparecer en los contratos, herencias, donaciones etc.

Otros aparecen mas tarde y son mas escasos-Semeno (945), Enneco (968) y tampoco hay que olvidar que esa región quedó en manos del reino de Navarra a partir del año 1035 lo que pudo facilitar la llegada de mas pobladores.

Lo que no quita para que se pueda aplicar la cita de Mitxelena que nos facilita Joseba:
«…mientras que para otros como yo este elemento indoeuropeo se impuso, sin llegar a cubrirlo, por encima de un sustrato éuskaro.»
Y…:
«Con eso no se ha excluido que esos núcleos convivieran y compitieran con otra población de lengua muy diferente»
Y también:
«No será, con todo, impertinente insistir en lo que he llamado el carácter recesivo de la lengua vasca, patente a lo largo de dos milenios, de su retraimiento que es el retraimiento de sus hablantes a manifestarse por escrito.»

Habla, Octavià, no te contengas más. Cuéntanos a que mito fundacional te refieres.
(Supongo que no te refieres a la guerra de Troya, ni a Rómulo y Remo, ni a Tubal y a la estirpe de los «cetúbales»…)

Dinos ¿Qué relato fundacional «toca» desmitificar?

Que los euskaldunak han estado siempre ahí desde los tiempos del hombre de Cromagnon.

se sabe si los jaunti de la llanada impusieron a celtas gipuzkoanos y vizcainos latinizados el euskera o se fueron estos celtas a castilla y solo quedaron los jaunti alaveses? hay algun estudio que determine origen tenporal de las pequeñas diferencias geneticas entre valles gipuzkoanos? el siglo vi con la llegada de los jaunti como evento fundador? o simplemente se mantienen laa diferencias previas y casi sin aporte se ponen todos a hablar euskera?

Hola, Xabier: A ver si sé contestar a tu pregunta.

Por lo que sabemos de Guipúzcoa, conviene distinguir tres zonas lingüísticas.

1. De oeste a este, la primera es la cuenca del río Deva, cuya parte alta —hasta Málzaga— mantiene un contacto estrecho con Álava. Si el origen del euskera occidental está en la Llanada, como sugerimos varios autores, en lo lingüístico habría que relacionarla con los Jaunti alaveses, desde luego, al igual que Vizcaya.

2. En cambio, las cuencas del Urola y del Oria habrían sido repobladas desde la cuenca de Pamplona, motivo por el que muchos rasgos dialectales son comunes con el alto-navarro, aunque a partir del siglo XIII la variedad dialectal de estas comarcas habría evolucionado de manera autónoma, proceso que culmina con Larramendi en el siglo en el XVIII.

3. Más al este quedarían las cuencas del Urumea y del Bidasoa, que conectan con la comarca de Baztán-Bidasoa y con el área dialectal labortana.

Digo todo esto con mucha precaución, porque la dialectología vasca, en sus aspectos diacrónicos, sigue estando abierta. Los mapas del atlas lingüístico vasco ofrecen, no obstante, algunos trazados sugerentes:

Los Jaunti representan movimientos de población que tienen su rango temporal entre los siglos VI al XII. Los várdulos indoeuropeos o celtas a los que te refieres se habrían latinizado varios siglos antes, con seguridad para el II d.C.

No soy competente para aportar datos sobre la genética de Guipúzcoa en época prerromana, romana o posterior, y dudo de que esa información resulte útil para esclarecer cuestiones lingüísticas.

si fueron muy repobladas Bizkaia y gipuzkoa por un grupo fundante Jaunti o navarro vascon deberian investigar si en estos 1.000 años hay tiempo para una diferencia genomica entre valles gipuzkoanos.. si hubiera una diferencia genomina entre valles gipuzkoamos consolidada antes del vii , de la vasconizacion, el grupo fundante vascon era minimo, incapaz de uniformar genomicamente a pequeña provincia, y obligaria a unos cuantos miles por contacto de elite pasar del latin al vasco… y ademas ese grupo mayoritatio seria mas parecido al navarro que al cantabro antes de la vasconizacion. no sé. algo cruje.

Te equivocas, Octavià, al vincular el mito fundacional del euskera con el hombre de Cromagnon. Fue el Tubalismo, mito bastante anterior. Es interesante el artículo «La estirpe de Tubal». Resulta una paradoja que la idea de que el euskera siempre estuvo aquí surja del mito fundacional de la identidad española.

Creo que a Joseba le resultará interesante saber (si no lo sabe ya) que el artículo hace una interesante observación relativa al hecho de que fue en los libros de texto de los escolares donde más costó desterrar el mito tubalista de la nación española.

(https)://www.cepc.gob.es/publicaciones/revistas/historia-y-politica/numero-29-enerojunio-2013/la-estirpe-de-tubal-relato-biblico-e-identidad-nacional-en-espana-1)

Gracias Iñigo M: lo que pivota en muchas de las intervenciones de este blog y en el artículo que citas son la verdad o el desmentido de dos afirmaciones: 1-los vascos son distintos que los españoles; 2- los vascos son más antiguos que los españoles.

Decía Martín Almagro, impartiendo magisterio a los futuros académicos y bibliotecarios aquello de «los vascos son los más celtas de España…»
Ya ves, Alvaro, que el debate no pivota (solo) sobre “si son los vascos los distintos” o si “son más antiguos”.
Yo diría que el debate está en si los vascos existieron, al menos si existieron aquí hasta el siglo VI dC.

Fíjate: antes se hablaba de un Trifinium (el nombre de este blog) reonociendo que habría habido varias lenguas en alegre biribilketa…y luego se añadía aquello de: …varias lenguas, con el celtíbero como lengua predominante, cómo no…
Bien, ultimamente habrás observado que ya no hubo tal tri-finium, hubo «uni-cinium». El euskara antiguo de Mitxelena dió lugar a un lacónico y difuo “vascónico”, luego vascónico-aquitano, quizás mejor llamar la lengua de la H, ahora se habla del ibérico-aquitano…

Izena badu, bada. Izena ukatzen badiozu, izaera urkatzen diozu.
Edo horrelako zerbait.

(NB: He de reconocerte, Alvaro, que soy un «militante» y no soy nada «científico» diletante.)
Qué le vamos hacer.

Álvaro:
Al ver los molinos, Don Quijote le dice a Sancho: «La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos, porque ves allí, amigo Sancho, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas…».
Sancho trata de razonar con él diciendo: «—Mire vuestra merced que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento»
Ciego de su imaginación y sin atender a razones arremetió y cayó maltrecho, pero nunca pensó que aquellos pudieran haber sido otra cosa que perversos gigantes.

Adrián, se agradece el tonito profesoral y pedagógico tan propio de la parábola, pero no capto de qué libro has sacado este párrafo: será algún evangelio apócrifo.

Todavía hay insensatos que ponen en duda la españolidad de Ravel, Xalbador, Itxaro Borda y Eneko Bidegain; y que discuten si los españoles son idénticos o distintos a los portugueses. Paciencia, paz y ciencia.

Al hilo de algunas de las últimas afirmaciones vertidas, creo que es interesante tener en consideración las conclusiones del trabajo elaborado por Aurrekoetxea, Gaminde, Ormaetxea y Videgain hace unos años: Euskalkien sailkapen berria.
Tras leer la mayoría de las aportaciones de este foro (interesantes todas, aunque no esté de acuerdo con algunas), echo en falta por la mayor parte de los colaboradores un exhaustivo conocimiento de los dialectos vascos actuales, ámbito sin el cual difícilmente se pueden hacer elucubraciones sobre el momento temporal en que surgieron.
No me voy a extender sobre la metodología y el trabajo de campo (muy rigurosos, en mi opinión), y me voy centrar en las conclusiones:
1) Declinación: la mayor diferencia se da entre los hablas de Zeanuri (Bizkaia) y Eskuila (Zuberoa): % 40,70.
2) Verbo (el dato es asombroso): % 97,7 de diferencia entre Zeberio (Bizkaia) y Arnegi (Behenafarroa).
3) Sintaxis (otro dato reseñable): % 82,80, entre Eibar (Gipuzkoa) y Santa Grazi (Zuberoa).
4) Fonología: % 63,83, entre Busturia (Bizkaia) y Bardoz (Lapurdi).
5) Léxico: % 73,93, entre Etxebarri (Bizkaia) y Altzai (Zuberoa).

En conjunto, % 66,56 de diferencia entre Lemoiz (Bizkaia) y Eskuila (Zuberoa).

En su día, Koldo Mitxelena afirmó en su excelente libro «Lengua común y dialectos» (1981) que las diferencias entre los dialectos no eran muy reseñables: «Es posible que esas diferencias le parezcan muy grandes al hablante ordinario no iniciado a fondo mas que en el euskera de su circulo local o comarcal, pero, para un comparatista, y éste es el punto de vista que hay que adoptar aquí, las divergencias, como ya he escrito en algún otro lugar, son desesperadamente pequeñas».
No hace falta ser muy erudito para poner en cuestión dicha afirmación teniendo en cuenta los datos mostrados arriba. Dicho sea de paso, me parece normal que hiciera ese planteamiento, ya que fue el mayor impulsor de la unificación del euskera.
De todas formas, querría hacer alguna reflexión sobre el tan manido tema de discusión referente al paso del euskera batu zaharra a los dialectos, así como el momento en que se produjo.
La primera está relacionada con el número de años necesarios para que se produzca una modificación reseñable en un habla. Voy a aportar un dato de nuestros días: tras 56 años de proceso unificador, gran parte de los jóvenes vizcaínos vascoparlantes empezaron a utilizar desde comienzos de este siglo el numeral «bi» delante del sustantivo: etxe bi/bi etxe (hay un estudio bastante riguroso elaborado en la localidad de Ondarroa que desarrolla otros casos).
La segunda es un corolario aplicado a ese % 66,56: si cada punto lo equiparamos con 30 años, tendríamos que el punto de encuentro entre el habla de Lemoiz y el de Eskuila (euskara batu zaharra) se produjo aproximadamente hace 2.000 años, bastante antes de lo que afirman algunos autores. No así Mitxelena, que termina con este párrafo la obra anteriormente citada: «La introducción y el asentamiento del cristianismo, para los cuales se dan fechas· muy diversas (válidas posiblemente las tempranas y las tardías a la vez, para diversas partes del pais), contribuyeron a la consolidación del nuevo orden, cuya culminación podemos poner en el establecimiento del reino de Navarra, nuestra mayor realización política. Yo no olvidaría tampoco, aunque se trata de una entidad sin duda menor, lo que había de ser el señorío de Vizcaya (y Durango), que presenta en muchos aspectos, si no me equivoco mucho, caracteres de extremo arcaísmo, aunque de fachada muy modernizada. Tampoco me parece nada clara esa inserción en la esfera astur-leonesa que algunos creen obvia. No es que uno quiera volver a escribir «Bizkaya por su independencia», ni crea que la batalla de Arrigorriaga se dio en 888 con muerte del caudillo leonés, pero no se puede menos de pensar si en nuestro actual rechazo de los mitos (que no es, en el fondo y aun en la superficie, más que su sustitución por otros, de mejor tono por el momento) no nos estamos pasando. Lo de Arrigorriaga y anejos se testimonia ya en la primera mitad del siglo XIV, cosa poco frecuente entre nosotros, y puede contener, como tantas leyendas de aquí y de allá, alglún fondo de verdad, estilizado y exagerado.
De cualquier modo, no parece aventurado pensar que fue Vizcaya
la región vasca que tuvo y retuvo una personalidad más acusada, Y
que fue más refractaria a influencias llegadas desde Pamplona u otros
centros situados fuera de su territorio. En esto, sumado al caracter
lateral, se podria encontrar una explicación de esa acusada personalidad del dialecto vizcaino que todos y yo el primero le reconocemos, siempre que no se trate de convertir autonomías en independencias».

Me parecen unos datos muy interesantes, Ane, tal vez porque confirman mi sesgo (seguro), pero también porque viendo que está Iñaki Gaminde (supongo que es ese Gaminde) metido en el estudio y habiendo tenido muy buenas referencias sobre su trabajo me da bastante confianza.
Si siempre me ha parecido demasiado tardía la fecha de un siglo VI o VII para el comienzo de la fractura ahora me afianza en esa idea.
Es más, es muy posible que esa fragmentación sobreviniera sobre una uniformización anterior relativa (de causas indeterminadas) que hubiera afectado a diversos dialectos paleoeuskéricos en diferente situación de diglosia o poliglosia, cosa que creo que Eneko ha sugerido alguna vez, y que pudo retener características propias de aquellos antiguos dialectos.
En este caso estaríamos ante una situación mucho más compleja, pero más natural y lógica. Esto explicaría la presencia de nombres vascónicos en zonas tan dispares y con diferentes matices que parecen denotar dialectalización en época temprana, siglos I y II.
Me gustaría conocer tu opinión sobre esta fantasía mía que creo que otros también comparten, por lo menos a grandes rasgos.

Barkatu «muturra» sartzea…
«Jaunti» hori ez da bada izanen Jaundegi-tik eratorria? Galdera da.

«Jaundegi(a)» Leitzan eta Etxalarren.
Jaundienea Goizuetan.
Jaundone…nonahi.

@Alvaro

Si la gente no sabe, no entiende o no quiere entender que los vascos son geneticamente calcados a los pueblos íberos históricos es su problema. Vasco-iberismo genético y vasco-iberismo lingüistico, todo empieza a cuadrar. Repito, mas del 90% de los hombres vascos y mas del 70% de los españoles descienden de un solo hombre R1b-M269>P312. Es decir, todos somos parientes mas o menos lejanos. Tu decías en tu comentario que todo pivota en torno a

1-«los vascos son distintos que los españoles»

Y yo digo, si estás hablando de genética, entonces el sentido común nos dice que si la gran mayoría tanto de vascos como españoles tienen un mismo antepasado masculino, en que sentido son distintos? En los componentes autosómicos del genoma?. Aquí los vascos son practicamente idénticos a castellanos viejos y aragoneses. Las diferencias con otras regiones son pequeñas, excepto en Galicia y Portugal donde el componente norteafricano alcanza entre el 5-10%. No se si esto es ser muy distintos o poco distintos, desde luego comparados con chinos, amerindios o africanos las diferencias son mínimas. En todo caso, no creo que en el siglo XXI, estás similitudes o diferencias genéticas sean un problema para nadie porque sinceramente creo que ya ha pasado el tiempo en que había personas que pensaban que el fenotipo, la hemotipología o la craneometría hacían a las personas o los pueblos superiores a sus vecinos. Ya estamos o mejor dicho, deberiamos estar todos vacunados frente a estas imbecilidades.

2-«los vascos son más antiguos que los españoles»

Si te refieres a su antiguedad genética en Iberia, son exactamente igual de antiguos (mismo marcadores uniparentales masculinos y femeninos y mismos componentes autosómicos, con ligeras variaciones en algunos porcentajes y la excepción del repetido componente norteafricano en algunas regiones).

Si este último comentario tuyo hace referencia a la lingüistica, el proto-indoeuropeo al parecer tiene su origen en la estepa Póntica en torno al 3500 AC (todo muy discutible evidentemente) y teoricamente, según la ortodoxia Kurganista, llegó a Iberia en torno al 2500 AC (con R1b-P312). Respecto a la antiguedad del vascuence, todo indica a un origen al menos en el neolítico o mesolítico. Recuerdo que uno de los principales argumentos era que la palabra hacha-aizkora tiene la raiz aitz-piedra. Si hubiese sido una lengua del calcolitico habría empleado un metal (cobre, bronce) para designar esta herramienta (tengo que reconocer que desconozco como se dice hacha en el indoeuropeo común).

El mito de Túbal y todas estas milongas hacen referencia a una tradición histórica que siempre consideró a los vascos como los mas españoles de los pueblos ibéricos. Pues bien la genètica ha demostrado que desde luego son los mas parecidos a los iberos y hay que reconocer que la Monarquia Hispánica siempre privilegió a los vascones, junto a montañeses cántabros, asturianos y castellanos viejos incluyendo a los riojanos, respecto de otras regiones de España. Todo esto hace referencia a la limpieza de sangre (de moros y judios) y la hidalguía colectiva. Nadie puede negar lo evidente y parece que de vez en cuando es bueno recordarlo.

Lingüisticamente hablando creo que el íbero es la lengua original de Iberia, que junto al vascuence, el aquitano e incluso el tartésico tienen un origen común muy antiguo en la cultura megalítica occidental y que por tanto, diferentes ramas de esta familia No-Indoeuropea se hablaron en toda Europa. En este sentido, en mi opinión, el proto-vasco, vasco-aquitano, euzkera antiguo, vasco-iberico o como queraís llamarlo es mucho mas antiguo en Iberia que el indoeuropeo común.

En ese caso, lo lógico es que el fondo léxico paleohispánico (quitando lo que corresponde al IE) aparecería reflejado en el ibérico y en el mismo euskera.

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