Clemente, la risa y las alternancias de código en ‘Ocho apellidos vascos’

«Este, igual como es Clemente, se pide paella o algo»

Luis Michelena (1955). Apellidos vascosUn Clemente vasquizado en Klemente, con ‘k’, siguiendo el nomenclator del Gobierno Vasco (aplicado a poblaciones como Kanpezu, Karrantza, Kontrasta, Korres o Kripan), tal vez habría colado como octavo apellido vasco de Antxon/Rafa (Dani Rovira) ante su futuro suegro Koldo (Karra Elejalde). La abundancia de ‘kas’ en euskera es uno los clichés fáciles a los que recurre Ocho apellidos vascos; una película que no abusa de los tópicos más que cualquier ensayo erudito sobre el país, incluido el último de Jon Juaristi. A día de hoy, cerca de ocho millones de espectadores hemos reído a carcajada limpia con esta comedia que también ha recibido los parabienes de la crítica (sin que hayan faltado algunas voces discordantes, como la del propio Juaristi). En esta entrada voy a comentar tres aspectos de índole lingüística que me interesan particularmente:

  1. Onomástica: Para algunos (entre quienes me encuentro) el título evoca sin remedio la obra más popular del legendario lingüista vasco Koldo Mitxelena, «también conocido como Luis Michelena«. En ella no son ocho sino varios miles (en torno a 4.000) los apellidos vascos analizados. Efectivamente, en esta nómina no aparece Clemente (tampoco Kanpezu, Karrantza, Kontrasta, Korres o Kripan). Por otra parte, Koldo, forma abreviada de Koldobika, nombre elegido para encarnar el estereotipo del vasquista acérrimo, es en realidad un curioso neologismo creado por Sabino Arana a partir de Chlodowig (Clovis), del fráncico antiguo, con el que suponemos el fundador del nacionalismo vasco quiso esquivar un Luis que debió de sonarle poco castizo.Karra Elejalde (Koldo) y Dani Rovira (Rafa) en una escena de 'Ocho apellidos vascos"
  2. Acentos: El cóctel idiomático, como lo define el director de la cinta, Emilio Martínez-Lázaro, es posiblemente el principal acierto de ‘Ocho apellidos vascos’. El contraste entre giros y expresiones regionales, los equívocos semánticos y la contraposición de acentos son constantes y casi siempre eficaces. Así rememoran los protagonistas el esfuerzo realizado:
    • Antxon (Dani Rovira): «Me consiguieron un coach para el acento vasco [Arnatz Zuaza, hermano de uno de los productores, Koldo Zuaza], porque yo el acento vasco lo tenía de contar los cuatro chistes en Navidades y poco más; un acento con pocas posibilidades interpretativas. Emilio decía que tanía que interiorizar el acento lo suficiente para que cuando hablase también resultase gracioso. Y es que me siento muy cómodo con el acento sevillano [él es malagueño], pero con el vasco no» (Entrevista de Andrés Arconada, 15.03.2014: ’19:30). Para Karra Elejalde el resultado fue una especie de híbrido «entre aragonés, navarro, riojano y vasco», con lo que estoy bastante de acuerdo. Es en todo caso satisfactorio.
    • Amaia (Clara Lago): «Yo no podía irme a la caricatura, por ser vasca. Entre Emilio y yo decidimos que mi acento iba a ser muy sutil. Con un acento más marcado, como puede ser el andaluz o el argentino, pillas más fácilmente la musicalidad. En el acento vasco las ‘r’ y las ‘s’ son más marcadas, pero ¿aparte de eso qué? Tenía a Ane, la script, que estaba pendiente de si se me iba para un lado o para otro; y a Karra, que también estaba pendiente. Tenía que intentar que no me fuera al acento andaluz, por estar durante todo el rodaje con Dani». (Entrevista de Andrés Arconada, 15.03.2014:’21:25)
    • Koldo (Karra Elejalde):«Hay muchas expresiones que yo he robado a mi aitá (aitxá) y a mi tío Ramón, que son de Gatzaga (Salinas de Leniz), lo más recóndito y profundo de Guipúzcoa, tan profundo que pega con el sur, con Álava; pero limítrofe con Aramayona, con Bolívar, con Apozaga, con Ochandiano, con Legutiano. Están en lo más profundo, más recóndito del norte que casi llega al sur [Álava], y hablan vizcaíno. No tiene ningún mérito. He tenido que recurrir a cómo hablaba el difunto aitxá, y el tío Ramón y la tía Jesusa, y Etxaniz y todos los del pueblo. Hablaban así. Mi aitá soñaba en euskera. Mi amá no sabía hablar en euskera y mi aitá se expresaba mal en castellano. Y ahí nací yo». (Entrevista de Carles Francino, 29.04.2014)
  3. Otras voces vascas [con permiso de Manu Montero]:
    • «Españolazo» (< español-lazo) El término fue acuñado en 1993, durante el secuestro del empresario guipuzcoano Julio Iglesias Zamora, para descalificar a los portadores del lazo azul (símbolo promovido por la organización Gesto por la Paz como muestra de rechazo y solidaridad con la familia). Posteriormente el término se ha generalizado y se utiliza para descalificar a todo vasco que no reniega de la nacionalidad española, o simplemente que no se muestra inequívocamente abertzale (nacionalista).
    • «Gora Euskadi!» Expresión patriótica que ha caído en desuso. Tiempo atrás solía completarse con el epíteto askatuta (‘libre’); pero lo esperable en 2014 es otra cosa, ya que el significado de Euskadi se ha edulcorado en exceso. Es un interesante caso de diacronía semántica, que describe muy bien Manuel Montero (2014:135-137): «Con la aprobación del estatuto de autonomía Euskadi se convirtió en nombre oficial y paulatinamente toda la sociedad vasca lo fue asumiendo con normalidad y como sinónimo de País Vasco […] Sin embargo, durante los años ochenta el nacionalismo radical comenzó a sustituir Euskadi por Euskal Herria –pese a que su buque insignia, ETA, Euskadi ta Askatasuna, lo tenía en su nombre–.  Entendía que Euskal Herria designa al pueblo vasco y Euskadi solo a la Comunidad Autónoma Vasca».
    • «Hostia (ostia)» El uso indiscriminado de esta voz se convierte en la película en un signo elocuente de vasquidad. Es una exageración pero resulta eficaz. La voz aparece en momentos clave en boca de la protagonista Amaia (por ejempo cuando es apremiada por el sacerdote a dar su consentimiento al matrimonio). También es significativo y particularmente hilarante que Amaia recomiende a Rafa que evite el uso de «mi arma» y lo reemplace por «hostia» en su doble estrategia de seducción/adaptación. La voz vasca homófona ostikada (‘golpe, patada’) puede explicar la popularidad de la expresión en el País Vasco y zonas limítrofes, especialmente en la cuenca alta del Ebro. Algunos autores la escriben sin ‘h’: «yo la escribo siempre sin h, y si estoy muy enfadado añado ¡ostia puta!» (Camilo José Cela).
    • «¡Me cago en to!» No es una exclamación que se prodigue en boca de las vascas veinteañeras. En clave de enfado severo (como en la escena inicial de la película) serían esperables otras expresiones: «me cago en tu padre», o (ya puestos) «en la hostia». Pero fuera de situaciones extremas, gran parte de la población femenina vasca consideraría esas expresiones inapropiadas. «Me cago en to» resulta menos grosera, pero es inusual en el País Vasco. (Debo esta apreciación a una de mis hermanas, que aunque no es madrileña como Clara Lago, vive en Madrid desde hace bastantes años y conoce bien los dos registros.)
    • «Vascongadas» Es una denominación muy marcada y prácticamente abandonada por los vascos de toda condición (Armando Besga Marroquín 2001 representa una salvedad). Por ello, la voz se convierte en un buen recurso para acentuar el contraste regional y provocar la risa, lo cual es interesante desde el punto de vista pragmático. Véase sobre esta cuestión la información recogida en el anexo ‘Nombres de las regiones vascas’ (2014, 29 de enero) de Wikipedia (fecha de consulta: abril 29, 2014) https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Nombres_de_las_regiones_vascas.

Mapa de las Vasconcagas, circa 1950, Estación de Autobuses de VitoriaLa lista de expresiones podría alargarse varias líneas y convertirse en materia de estudio lingüístico e intercultural (vg. la frialdad, timidez, parquedad en las relaciones interpersonales entre padre e hija). Me parecen especialmente interesantes las alternancias de código (code-switching) e hipérbatos utilizados por Karra Elejalde en su papel de padre. Como hemos visto, él los atribuye a su «difunto aitxá, al tío Ramón, la tía Jesusa, Etxaniz y todos los vecinos» de Salinas de Leniz (que seguro se acercaban a Vitoria — «al sur», ciudad natal de Karra– en bus, por la hoy desaparecida Estación de Autobuses). Esos giros de Koldo, que tanto me gustaría recopilar, son aportación personal suya, de Karra. Por lo demás, Martínez-Lázaro reconoce que el argumento original ha sido retocado en algunos pasajes (sobre todo en lo tocante al papel de Amaia, que se ha edulcorado y reforzado), pero que se ciñe en lo esencial a la propuesta de los guionistas Borja Cobeaga y Diego San José, merecidamente elogiados por la crítica.

Quisiera mencionar para terminar la que considero mejor reseña publicada hasta la fecha, la de Enric Juliana (06.04.2014) ‘Nueve apellidos catalanes’ http://www.lavanguardia.com/politica/20140406/54404749430/nueve-apellidos-catalanes-enric-juliana.html. Asimismo es recomendable el análisis que realiza Félix Linares en La Noche De (23.04.2014). Más documentación: Martínez-Lázaro (2014).

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