Presencia carolingia en Pamplona en el siglo IX

(Versión provisional)

Del siglo IX se conocen hechos singulares, como la presencia carolingia en Pamplona y la alianza interreligiosa que se fraguó para combatirla. Esta alianza se produjo entre García I Galindez de Aragón, Íñigo Arista de Pamplona y Musa ibn Musa de Tudela.

Hay que recordar que el pequeño condado de Aragón en el siglo IX se limitaba a una estrecha franja de terreno en el curso alto del río Aragón (Hecho, Canfranc). Bajo control franco originalmente, es en este siglo IX cuando se independiza bajo el gobierno del conde indígena Aznar I Galíndez, casado con Eneca Garcés, ambos padres de Matrona, esposa de García I Galindez y por tanto sus suegros. Copio de ArteHistoria:

La presencia carolingia en Pamplona y en Aragón finaliza prácticamente en los años iniciales del siglo IX cuando, aliados los banu Qasi a los Arista de Pamplona y a Córdoba, derrotan -en el año 824- al ejército franco mandado por los condes Eblo y Aznar, el primero de los cuales será enviado como prisionero a Córdoba.

La revuelta contra los carolingios se extiende a Aragón donde el conde Aznar es sustituido por García el Malo, que no tardará en aliarse políticamente a Iñigo Arista y a los banu Qasi y en reforzar el acuerdo mediante alianzas matrimoniales que vinculan a muladíes, pamploneses y aragoneses: Iñigo Arista y el dirigente muladí Musa ibn Musa son hermanos de madre y el aragonés García, tras abandonar a su primera esposa, hija del conde Aznar, casa con una de las hijas de Iñigo Arista.

La repetición de estos enlaces cristiano-musulmanes en el Valle del Ebro es prueba evidente de que la religión no es una barrera en estos momentos, de que por encima de las diferencias prima la comunidad de intereses que obliga a pamploneses, muladíes y aragoneses a unirse para evitar ser absorbidos por el Imperio o por los emires de Córdoba.

Los conflictos internos impedirán a Luis el Piadoso intervenir en Pamplona y, mientras Córdoba acepte o tolere la semi-independencia de los muladíes del Ebro, las relaciones serán pacíficas.

Bastará que Abd al-Rahman II recuerde la autoridad cordobesa nombrando valíes en Zaragoza y Tudela, en zonas habitualmente controladas por los banu Qasi, para que éstos y sus aliados pamploneses combatan al gobernador de Zaragoza y con su actitud provoquen una campaña en la que Abd al-Rahman ataca Pamplona, obliga a someterse a Musa e impone al monarca navarro la obligación de pagar setecientas monedas de oro al año en reconocimiento de la soberanía del emir cordobés.