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Historia del euskera La toponimia

Bolin, morin, bolun

Sabe Emiliana Ramos las ganas que tenía de publicar a dúo algo sobre el préstamo romance bolin, ‘molino’ en euskera. Pero otras obligaciones apremian y antes de tirar la toalla definitivamente vamos a pasar a limpio algunos datos que hemos ido recopilando y que pueden servir para trabajos futuros.

Bolin y sus variantes morin, bolun son motivo de intriga por varias razones. La primera y principal es que solo aparecen en el área occidental del país (Álava, Vizcaya y cuenca alta del Deva), como también sucede con abad, oste, padura, sautu y algunos otros pocos apelativos genéricos. Por eso sabemos que no formaban parte del léxico compartido del vasco común antiguo (VCA), ni entraron desde el latín, sino desde el romance molín (siglos VIII-X). Otro motivo de intriga es que conviven con errota ‘molino’, al que no substituyen, y que también es muy frecuente en esta área occidental, por lo que caben dudas sobre si bolin y errota tienen algún tipo de complementariedad semántica. O más bien tuvieron, porque el término bolin está en desuso y solo aparece fosilizado en la toponimia. El tercer motivo de interés es que hay una pequeña especialización espacial de las variantes (molin, bolin, morin, borin, bolun): la variante bolu(n) aparece de manera exclusiva en la toponimia de Guecho y es mayoritaria en otras zonas de Vizcaya, pero es inexistente en la Montaña Alavesa y en Treviño (ver tabla con datos estadísticos). En la Llanada alavesa, Zuya y Ayala es donde más abundancia y variedad de formas se conservan.

Nos apunta Octavià que la fragua hidráulica fue un invento medieval: «el molino hidráulico en otros lugares de Europa se usó en los batanes, pero en el País Vasco fue adaptado a la forja del hierro»

He trasladado los topónimos de la base de datos abierta del Gobierno Vasco a las tabla1tabla2, lista3 e intentado representar la distribución geográfica y numérica mediante este (muy mejorable) gráfico:

Distribución de variantes del préstamo bolin en la toponimia vasca (elaboración propia)

Vemos que en la Llanada alavesa se concentra el mayor número de topónimos 128 (25% del total de 526) así como la mayor variedad (borin 56, bolin 54, molin 10, bolun 7, morin 1). En Montaña Alavesa y Treviño el número desciende a 27 y la variedad también (borin 20, molin 4, morin 3; no hay bolin ni bolun). La variedad se mantiene en Zuya (borin 18, bolin 27, molin 2, bolun 7, morin 1; 55 en total) y en Ayala (borin 9, bolin 17, molin 6, bolun 8, morin 2; 42 en total). El Alto Deva es otra comarca con alta representación (20% del total) pero con menor variedad (borin 3, bolin 52, bolun 49, 104 en total). Se plasma en ella la preferencia por las formas bolin y bolun que, a la vista del gráfico, parece trasladarse al resto de Vizcaya (Durango, Marquina, Guernica, etc.).

Hay un bolin excepcional en Navarra, Bolinsoro, también documentado como Molinsoro, en Iturmendi, valle de la Burunda, variedad dialectal que forma un contínuo con el euskera de la Llanada oriental (cf. Koldo Zuazo). De hecho, este mismo topónimo se documenta en el municipio alavés de San Millán (Borinsoro, Borinsoreta), con el mismo genérico oriental soro, en lugar de solo ‘campo de labranza’, que en cambio es uniforme en el occidente de Álava y Vizcaya (Bolibarsolo, Bolunsolo, Moriunsolo, este último, tan curioso por la metátesis morinu > moriun, de Letona, Cigoitia).

¿Qué hipótesis pueden establecerse a la vista de estos datos? Se nos ocurren al menos las siguientes:

  1. El núcleo irradiador debió de situarse en el área de Vitoria-Gasteiz, por la abundancia de topónimos, pero sobre todo por la elevada variedad de formas, entre las que podrían incluirse las romances a partir de molina, como Molinacho (ver más abajo Elena Martínez de Madina).
  2. Se detectan tres rutas de difusión de las variantes toponímicas de bolin: una por el eje de Zuya hacia Arratia y Ayala; otra por el Alto Deva hacia Marquina, Duranguesado, Bilbao, Guernica y Uribe Costa; y una última por Montaña Alavesa y Treviño
  3. Se diría que las formas borin y morin quedaron fijadas en la toponimia en las áreas de retroceso de la lengua, que son asimismo las zonas más periféricas y occidentales. Reflejan un rotacismo muy vasco (l > r entre vocales) posiblemente del mismo momento de producirse el préstamo (< romance molín, ¿ca. siglo X?)
  4. Por su parte, bolun parece una innovación a partir de bolin (¿por asimilación de i_u en u_u en derivados como bolunburu ‘cabezal del molino’?). Muy probablemente esta innovación se produjo en el Alto Deva, de donde se trasladó a Vizcaya y por nivelación también a la Llanada, pero sin llegar a la Montaña Alavesa ni a Treviño.
  5. Si eso fuera así, las variantes burun y bolin de los topónimos que me señaló Emiliana Ramos hace unos años, recogidas por Mario Sanz Elorza en Burgos, Buruncalze (Santa Cruz del Valle Urbión) y Bolincalze (Monterrubio de la Demanda), habría que explicarlas como palabras viajeras o Wanderwörter (tan del gusto de Octavià Alexandre). Imagino a carboneros y herreros vizcaínos utilizando estos tecnicismos en la ruta de San Millán, que unía la sierra de la Demanda con el Alto Deva, durante gran parte de la Edad Media y hasta época reciente (ver más abajo David Peterson).

Cursiosamente, pese a ser una forma secundaria de bolin, en el OEH la entrada se ofrece por el lema bolu:

1. (V ap. A; Lar, Añ, Dgs-Lar, Dv), bolubolun(a) (Dgs-Lar)
Molino. «Rueda, molino» Dgs-Lar. «(Vc), aceña, molino (algo distinto de los actuales)» A. Sg. Etxba Eib las formas boliña y bolingua sólo subsisten en la toponimia local (Patxi boliñ, Bolingokua). v. errota.
Tr. Documentado en textos vizcaínos. Hay algunos testimonios guipuzcoanos del s. XX.

Fuente: OEH

Esta entrada bolu en el OEH tal vez refleje el poso de Koldo Mitxelena, en Apellidos Vascos, que también explica Bolibar, Bolinburu, Bolinaga desde la entrada 170 para bolua, bolu ‘molino’, cuya etimología (< *molina, *molinum) atribuye a W. Meyer-Lübke.

Son muy interesantes los testimonios antiguos que aporta el OEH, en los que bolun está austente:

  1. Borinivar, una rega (1025).
  2. Ligoarius Molinivarrensis abba (V, 1051). Ib. 151.
  3. Sancte Andres de Molinivar (Al, 1087). Ib. 269.
  4. Manguiar et bolinua sursum (Alboniga) (V, 1093). CSM 281.
  5. Abbate domno Sancio de Bolinivar (V, 1093). Ib. 281.
  6. Manguiar et bolinua sursum (1093).
  7. Et Gamiz, et Bolivar, et Ulivarriz (1331).
  8. Pedernales Bolivar Fruniz (1383).
  9. Juan de Volibar, e Gonzalo de Voliuar (1475). Arzam 183.

El EODA (Base de datos onomástica vasca de Euskaltazaindia) ofrece información documental exhaustiva de los topónimos mayores, Molinivar  de Cenarruza (1000-1100), Borinivar de Vitoria Gasteiz (1025), Bolibar de Escoriaza (1497). Estos primeros testimonios muestran una evolución Borinivar > Bolivar, con caída de la nasal intervocálica. La ausencia de bolu(n) confirmaría la secuencia molin/morin > bolin/borin > bolun/borun, con típica oscilación l > r que documentan las fuents antiguas pero que acabó decantándose por la lateral l (como sucede en otros casos de la toponimia más occidental, vg solo frente a soro < lat. solum ‘suelo’). Asimismo, la nasal inicial m- (molin, morin) ha sido reemplazada totalmente por la bilabial b-, aunque los testimonios más antiguos (Borinivar 1025, Molinivar 1087) sugieren una confusión o neutralización de los dos fonemas en posición inicial (cf. Basoa/Masoa, Bahaheztu/Maeztu; Burgui/Murguía, etc.).

Elena Martínez de Madina ha ido recogiendo en los últimos años un extraordinario corpus de testimonios documentales del entorno de Vitoria-Gasteiz, de los que merece la pena citar algunos por su exuberancia:

La documentación que se aporta por ejemplo para BORINBIZKARRA, en Ali-Gobeo, ejemplifica la riqueza de variantes que caracteriza al término municipal vitoriano: borin (1557), borun (1576), bolun (1678), bolin (1723), además de otras formas «corruptas», boren (1537), boron (1700), borron (1725), que son en general más tardías (PDF completo del volumen II. MALIZAEZA).

Reproduzco algunos tuits sobre esta temática con pantallazos de la documentación aportada por Elena:

BOLINGANA en Retana es otro topónimo ricamente documentado, en el que sin embargo predomina el formante bolin (1557 y ss), desde principo a fin, salvo por una rara variante con inicial sorda polin (1891) también tardía. Que en Ubarrundia predomine bolin es congruente con lo que hemos observado en el Alto Deva y refuerza el efecto de la ruta de San Millán, o pasillo de Ubarrundia, como lo llama Roberto González de Viñaspre. En el mapa de Retana, Bolingana es el número 7, sobre el arroyo Bagueta (ver PDF completo del volumen III. UBARRUNDIA).

El mismo topónimo en Ali-Gobeo prefiere de manera uniforme el formante con r, borin: Boringana (1602), Boringana (1603), Voringana (1714).

“Vna pieza marzena en dicho ttermino cumunero de los lugares de
Ali y Goveo llamado Voringana” (1714, AHPA, P. 98).

Elena Martínez de Madina en la presentación de este volumen IV dedicado a LANGRAIZ (2013:9) se pregunta si hay algún tipo de diferenciación entre bolin y errota y tiene la intuición del uso fosilizado del primero en la toponimia, frente al uso vivo del segundo en el habla:

«Son también muchos los interrogantes que se nos plantean y que podrán ser punto de partida de futuras investigaciones. Tal es el caso de la marcada diferenciación, que no habíamos advertido en las merindades abordadas en los tres volúmenes ya publicados, entre el uso de errota y las formas vascas en composición borin-, bolin-, bolun-, borun-, del lat. molinum para referirse a los topónimos relacionados con los molinos. En cada pueblo se utiliza una voz, Errotabide, Errotagana, Errotaurra u otra, Borinsoloa, Borinaldea, Borinbidea, y cuando se da la circunstancia de que aparecen ambas, se refieren a molinos ubicados en pueblos distintos. Por ejemplo, en Crispijana se conoce Errotabidea que se refiere al camino de molino del lugar, y Borinbidea, referido al molino de Zuhatzu.

(acceso a PDF completo de del volumen IV. LANGRAIZ)

El volumen IV dedicado a ARRATZUA contiene otros interesantes ejemplos, entre los que me gustaría destacar MORINOSTEA (que Elena normaliza como Borinostea). Es curioso y seguramente muy significativo que en el apeo de 1481-1486 figuren tres testimonios antiguos en Arcaya con morino/morinu: Morino hostea, Morino hostea y Morinu ostea (cf. Emiliana Ramos 1999), que preceden en el tiempo a borin (Borinostea 1585, 1596 y ss), o bolin (Bolinostea 1723). Las variantes con morino (1481) o morinu (1481) en lugar de borin (1585) o bolin (1723) creo deberían haberse respetado. Tal vez el escribano trató de reflejar una forma culta, romanceada (‘molino’), pero el rotacismo vasco le traicionó. Habría que reclamar morinu o incluso morino como voces tanto o más vascas que bolin o bolun, precisamente por mostrar ese rasgo tan característico (acceso a PDF completo de del volumen V).

El sesgo en estas obras viene anticipado en algunas decisiones que ya se ven en el primer volumen, firmado conjuntamente por Elena Martínez de Madina y Enrike Knörr, por ejemplo al reemplazar la grafía estándar y convertir MOLINACHO en Molinatxo (menos mal que se quedaron ahí y no llegaron a Bolinatxo o Bolintxo):

«La forma Molinatxo es un nombre de difícil explicación. Las formas
vascas esperables son borin, [bolin, bolun]. Pensemos en Borinivar, año 1025, actual Bolibar, pueblo del término municipal de Vitoria. Hay ejemplos de variante con cambio de consonante inicial, por ejemplo Moringana, Moringaña, en Marquínez (TA). Pero también se atestiguan topónimos con -l-, como Molingaña, ese mismo lugar en Marquínez (TA). Además, Molinatxo existe también en Elosu y Treviño, como consta así mismo en Toponimia Alavesa, de López de Guereñu. Todo ello nos llevaría a creer en una forma vasca antigua *molina, ‘molino, aceña’, paralela a la conocida bolin(a). Molinatxo sería entonces el topónimo con el sufijo diminutivo -txo.
Este término está unido a una serie de genéricos que de por sí han tenido entidad propia: barrio, camino, cruz, fuente y casa-molino-rueda. Todos ellos se situaban en el entorno de la zona de la Calle de San Antonio en su confluencia con la Calle Manuel Iradier. El nombre tiene su origen en la existencia de un molino denominado Molinatxo

(2008:152, acceso a PDF completo del volumen I. CIUDAD)

No parecen transigir los autores con un bilingüismo perceptible en la existencia de topónimos en ambas lenguas, siendo El Molinacho un ejemplo caraterístico de una tradición romance tan patrimonial y vasca como Bolintxu o Errotatxiki (cf. Isabel Echevarría). La convivencia entre las dos lenguas es antigua y fecunda. Esta situación lingüística mixta es todavía más patente en los casos en los que el nombre incorpora un apelativo genérico, barrio, camino, cruz, fuente, etc.

DOC. Fuente del Molinacho (1682, AHPA, P. 5.984, f. 714), Fuente del Molinacho (1732, AHPA, P. 9.627, f. 201), Fuente del Molinacho (1866, AHPA, P. 13.904, f. 79).
“La Fuente llamada del Molinacho, es el objeto á que me dirijo porque […] no he podido menos de lamentarme una y muchas veces al considerar el abandono en que se encuentra un manantial tan abundante y una agua tan cristalina y hermosa, teniendo por cubierta un esquinote feo y ediondo, cercado por la parte alta con un basurero y por la planta de un muladar […] me tomo la libertad de acompañar un diseño con su presupuesto correspondiente (para una nueva fuente).” (1854, AMV, sig. 37-28-28).

Como hemos adelantado más arriba la diferencia principal entre borin y errota es que el primero, además de ser exclusivo del área occidental, está fosilizado en la toponimia y dejó de usarse en algún momento del pasado (¿ca. siglo XVI?). Es probable que por un tiempo hubiera habido diferenciación semántica entre ellos (con referencia al edificio frente a la maquinaria, o a un cambio de tecnología o diseño). Tal vez puedan relacionarse los bolines con los primeros molinos hidráulicos alaveses, a los que se refiere David Peterson, muchos de ellos especializados en la forja de hierro.

Fuente: ‘Los orígenes de Vitoria-Gasteiz’ Fundación Catedral Santa María. Para desgracia del herrero Gastea y sus ayudantes, esta fragua de ca. siglo VIII no estuvo dotada de trompa hidráulica.

Reproduzco algunos tuits sobre esta temática:

Antonio Sáenz de Santamaría y Ernesto García Fernández estudian la documentación medieval del monasterio Santa María de Irache en la que abunda la voz ‘molino’. Se interesan por su tipología, esto es, si se corresponde con los molinos de rueda horizontal o vertical, así como en su cronología, con el fin de explorar el momento a partir del cual se utilizan o suceden los principales avances tecnológicos. De acuerdo con sus averiguaciones, la voz ‘molino’ parece remitir a los primeros molinos hidráulicos, de los que existe una mención expresa en el siglo XI (1070). En Irache también se documentan rotas y ruedas y conjeturan si no denotarán la introducción de la rueda vertical. De esta opinión sería Antonio Sáenz de Santa María, para quien lo habitual es “considerar las ruedas como fuerzas motrices verticales”. García Fernández constata, por otra parte, que en Navarra no se documenta la voz ‘aceña’, frecuente en Castilla, y apoya la tesis de considerar las rotas ruedas verticales, sin excluir que a veces puediera usarse el término de forma indistinta, para referirse también a las horizontales. La primera mención a ‘rota’ es un poco más tardía, de finales del siglo XI (1090).

Por su parte, Emiliana Ramos trata asimimo de esclarecer la hipotética diferenciación semántica de estas voces, como vemos en este extracto:

«Esta acepción de ‘muela, piedra del molino’ o de ‘maquinaria para la molienda’ se deduce con más claridad de varios contextos romances, en los que se da cuenta de varios molinos dentro de un mismo edificio o se hace constar la situación del molino dentro de la construcción que lo contiene. Este uso de molino lo acerca al de la voz rueda, que en la documentación del centro de la provincia de Burgos aparece en contextos idénticos. […] Cabe señalar, no obstante, que quizá la expansión de las aceñas de rueda vertical en el siglo XIII pudo ocasionar cambios en la denominación de estos ingenios, con una distribución espacial posterior del par sinónimo molino/rueda, una vez que el sentido principal de ambas pasa a ser el de ‘edificio para la molienda’

Fuente: Emiliana Ramos (2017)

¿Qué podemos concluir de todo esto? Volviendo a la intriga que despierta el hecho de que sea un préstamo romance exclusivo del occidente del País Vasco y que nunca se haya usado en la Navarra vasca, allí todo es errota o iera (con la excepción de la Burunda), bolin nos remite a la época de formación y expansión de la variante occidental de euskera (mendebaldera o bizkaiera). Esta forma distintiva de llamar al molino (al molino hidráulico) añade una nueva evidencia a favor de la teoría del origen del dialecto ‘vizcaíno’ en la Llanada alavesa. Además, hay indicios para suponer que esta singular voz ‘del agua’ debió de estar asociada a la incorporación del molino hidráulico a la forja medieval del hierro (del hierro de Álava), que muy tempranamente se propagó hacia la cornisa cantábrica por las cuencas de los ríos Deva y Altube, ca. siglos X-XI, si no ya antes.

PD Esta entrada substituye a una wiki en la que iba actualizando los datos sobre bolin, pero que los administradores han cerrado por motivos de seguridad. He guardado una muestra congelada en <PDF>.

Bibliografía complementaria consultada:

  1. David Peterson. 2018. La lengua del hierro. Nexos medievales entre Álava y la Demanda <PDF>
  2. Emiliana Ramos Remedios. 2017. Interferencias léxicas latinorromances: Las voces del agua y de sus industrias en el norte burgalés (siglos X al XIII). BRAE 97.
  3. Isabel Echevarría. 2012. Del castellano y la toponimia del País Vasco.
  4. Mario Sanz Elorza. 2012. Toponomástica molinológica de la provincia de Burgos <PDF>
  5. José Rodríguez Fernández. 2012. Relaciones de poder en torno al agua. Vitoria en la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Vínculos de Historia <PDF>
  6. Agustín Azkarate Garai-Olaun, José Manuel Martínez Torrecilla, and José Luis Solaun Bustinza. 2011. Metalurgia y hábitat en el País Vasco de época medieval: el asentamiento ferrón de Bagoeta, Álava (ss. VII-XIV dC). <PDF>
  7. Carlos Martínez Jiménez. 2010. Viejo molino de Álava. EuskoNews <HTML>
  8. Javier Castro. 2008. Canteras moleras de Zigoitia, Akelarrea <PDF>
  9. J. Palomo Palomo y M.P. Fernández Uriel. 2007. Los molinos hidráulicos en la Antigüedad <HTML>
  10. Iosu Etxezarraga. 2004. Paleometalurgia del hierro en el País Vasco Cantábrico: las haizeolak. Un estado de la cuestión <PDF>
  11. Isabel Echevarría. 1999. Corpus de toponimia Carranza: materiales para el estudio del castellano de Vizcaya <HTML>
  12. Ernesto García Fernández. 1988. Aproximación al estudio del vocabulario medieval navarro a través de la documentación del monasterio de Santa María de Irache <PDF>
  13. Antonio Sáenz de Santamaría. 1985. Molinos hidraulicos en el Valle Alto del Ebro (siglos IX-XV)
  14. Antonio Sáenz de Santamaría. Los molinos hidraúlicos en el Fuero de Vizcaya <PDF>

9 respuestas a «Bolin, morin, bolun»

El trabajo en sí interesantísimo, Joseba, pero yo creo que deberías convertirlo en una publicación oficial porque cuando empiezan los tuits y los pantallazos, a mí personalmente me parece que la presentación “zabartu egiten da”, y a veces se pierde el hilo de qué es tuyo, qué de otros, cuándo se está diciendo algo nuevo y cuándo citando datos conocidos…

Respecto a la “típica oscilación l > r”, creo que ésta consiste en que hay casos en que se produce el cambio l > r, y casos en que no, en préstamos, además de casos en que una -r final puede provocar o no un juego de asimilaciones y disimilaciones preventivas según las áreas lingüísticas (belar, elur, zilar…) (cf. FHV: 314-315, para ambos).

Qué bonita es la variante metatizada moriun (< molinu), de Zigoitia.

Por último, en las variantes con b- hay disimilación de nasales (más que rechazo a m-, ya en época tan tardía, no digo que digas esto). Creo que deberías mencionarlo.

Muchas gracias, Buruto. Me interesa mucho lo de la oscilación l/r. En un congreso en Japón me encontré que me habían registrado como Dr Abartua. Lugo sigo.

A propósito de «asimilaciones» y «disimilaciones», muchas de las explicaciones que dio Mitxelena hace más de 50 años en su magna opus FHV ya no se aguantan. Es más, los pares de fonemas /L/ ~ /l/ y /R/ ~ /r/ (con oposición fuerte/débil) que él reconstruye para el proto-euskera de época visigótica (también llamado «pre-vasco» o «vasco común antiguo») son más propios de un romance e incorrectos, porque en realidad serían /L/ ~ /r/, quedando aislada la rótica fuerte /R/.

Dejando aparte los préstamos romances con /ll/ geminada, es muy posible que detrás de /L/ se esconda una consonante retrofleja, que asomaría la patita como /d/ en algunas formas dialectales. Para referencia, el artículo de Joan Carles Vidal (2011) La oclusiva retofleja sonora del vasco antiguo: nuevas etimologías <HTML>. Refleja en parte un romance primigenio que fue absorbido por el euskera arcaico.

¡Qué interesante, Octavià! «romance primigenio que fue absorbido por el euskera arcaico». ¿A qué te refieres por ‘euskera arcaico’? ¿Al de época renacentista, siglos XIV-XV, como hace Joseba Lakarra y el resto de la Escuela de Vitoria para los testimonios de Textos arcaicos vascos?

Para mí, «euskera arcaico» (vid. Núñez) es sinónimo de «proto-euskera» o «vasco común antiguo», de época visigótica (entorno al s. VI).

Lo de «romance primigenio» se me escapó al final, pero mi idea es que en su expansión, el euskera primitivo absorbió un (o quizá más de uno) romance, algunos de cuyos rasgos aparecen en la reconstrucción de Mitxelena y que emmascaran parte de lo que debió ser la lengua primitiva, p.ej. en lo que concierne a la mencionada consonante retrofleja.

Rectifico: «paleo-euskera» o «euskera arcaico» (vid. Núñez= es un estado de lengua anterior al «proto-euskera» o «vasco común antiguo», y sería contemporáneo de las inscripciones aquitanas.

Ese es el ‘protovasco’ de la bibliografía vasca actual, que utiliza toda la Escuela de Vitoria, pero también Hualde o yo mismo. Joseba Lakarra distingue entre protovasco moderno y protovasco antiguo. Este último se remontaría a tiempos anteriores al contacto con el latín y más allá. Creo haber entendido que incluso anteriores a las lenguas celtas circundantes. Creo que está en mis apuntes de Lakarra 2018.

Normalmente, el paleoeuskera se identifica con el llamado «aquitano», la lengua que se transluce en las inscripciones aquitanas (que no son verdaderos textos) de época romana, aunque lo más probable es que se tratara de un complejo dialectal del que también formaría parte el ibérico, aunque más alejado.

A tenor de la etimología de palabras como gizon o andere, documentadas en las inscripciones, y el sufijo toponímico -oz(e), -otz(e) (ver mapa), mi impresión es que el paleoeuskera/aquitano se asentó sobre un sustrato céltico de tipo gálico.

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