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Historia del euskera La cronología La toponimia

Sobre la estratigrafía lingüística del País Vasco

Versión provisional de un borrador, rescatado de la papelera, a punto de ir a dormir el sueño de los justos. Transcribo la última versión del 12 de junio 2019, que se irá adecentando y completando en los próximos días. No encuentro un artículo de Koldo Mitxelena con similar título que creo haber visto en las actas de unas jornadas ca 1970. Una versión preliminar de este borrador se presentó en II Encuentro de Onomástica, Amurrio (2016.11.05) con el título ‘Innovaciones occidentales de la toponimia vasca de Álava’ [diapos] [vídeo]. Estoy más satisfecho de las diapositivas que del vídeo.

Palabras clave: historia del euskera, toponimia vasca, contacto vascorrománico, préstamos latino-románicos en euskera, dialectología vasca, euskera occidental

Avances recientes en la reconstrucción de la lengua vasca en las fases previas al proceso dialectal así como el conocimiento cada vez más preciso sobre el origen y evolución de las áreas dialectales aportan indicios aclaratorios acerca de la estratigrafía lingüística del País Vasco. A ello cabe sumar la ayuda inestimable de la toponimia, relativamente bien documentada desde fechas cercanas al momento de su origen, sobre todo de la toponimia menor. Entre las fuentes que se conservan sin duda la estrella es De ferro de Álava o Reja de San Milllán, de 1025.

Fuente: De ferro de Álava (1025), Galicano digital

Con los datos disponibles, podemos afirmar con relativa certeza que:

  1. Hubo una alta unidad y cohesión de la lengua en el momento previo a la fragmentación dialectal (siglos V-VII).
  2. Contamos con un modelo que explica la cronología y expansión espacial de los dialectos.
  3. La lengua que conocemos desde los primeros testimonios literarios tiene un pasado reciente, cercano y trazable; no remoto e inescrutable.
  4. El antecesor común a todas las variedades no estaba disperso por el amplio territorio que la historiografía lingüística suele atribuirle, sino que se localizaba en un espacio concreto y relativamente acotado.
  5. La identificación de los préstamos más antiguos y comunes aportan además indicios de un origen en contacto con las primeras hablas romances del Pirineo occidental (protogascón y protoaragonés).

Son argumentos que confluyen y contradicen el supuesto tan arraigado en la bibliografía vasca (cf. Roberto González de Viñaspre, Joaquín Gorrochategui, Joseba Lakarra, Elena Martínez de Madina, Patxi Salaberri, Valeriano Yarza, Luis María Zaldua, etc) acerca de la ancestral presencia de una o varias lenguas protovascas en áreas en las que la toponimia ofrece evidencias de lo contrario.

Y es que la toponimia aporta pruebas elocuentes de la presencia mayoritaria de lenguas no vascas, de filiación indoeuropea precéltica, primero, y céltica después, en una parte muy extensa del actual territorio vasco. También hay indicios contundentes de una amplia implantación del latín desde época antigua y tardoantigua en puntos que posteriormente fueron foco de innovación y expansión dialectal vasca.

Todo ello redunda en el relevante papel que la romanización ha ejercido en la evolución, robustecimiento y propagación del euskera; hecho que contradice de raíz otro de los mitos más arraigados en la bibliografía, que la lengua fue capaz de sobrevivir gracias precisamente a su aislamiento o repulsa del latín. Hoy sabemos que esto no fue así, sino justamente al revés.

El paisaje lingüístico que ofrece la toponimia, y que se observa de manera más clara en la toponimia menor, describe con elevada fidelidad la situación lingüística del último milenio. La toponimia de apeos y escrituras notariales no se remonta mucho más allá del siglo XV. En los siglos previos se había producido una reestructuración importante de los campos de labranza, por lo que los topónimos que recoge esa documentación posiblemente fueran muy recientes. Antes del XV prácticamente no disponemos de testimonios onomásticos generalizados, salvo la documentación abacial, que contiene sobre todo topónimos mayores, de poblaciones y gentilicios que denotan el lugar de origen de sus portadores. Con todo, los cartularios de monasterios como San Millán, Leyre o Valpuesta, cada vez mejor estudiados y accesibles, permiten completar el paisaje lingüístico medieval. 

Por lo que respecta a la huella vasca de los testimonios más antiguos (siglos X-XI) se detecta una lengua que exhibe los primeros rasgos de dialectalización, aspecto particularmente perceptible en los testimonios del occidente vasco. Estos se caracterizan por contener préstamos romances exclusivos del área occidental (angelu, bolin, kanpan, elex, oste, padur, perran, sautu, solo…).

La toponimia es muchas veces el único testigo del pasado lingüístico de un territorio. Por ejemplo, por la toponimia sabemos que en época altomedieval colonos alaveses y vizcaínos poblaron amplias zonas de las cuencas altas de los ríos Oja y Tirón. Es además un vestigio privilegiado del contacto de lenguas; y muchas veces es el único rastro disponible. Su valor se incrementa cuando hallamos ejemplos de hibridaciones. En las hibridaciones formantes de al menos dos lenguas se combinan para crear nuevos topónimos mixtos. En el caso de la toponimia vascorrománica detectamos prácticamente todas las combinaciones posibles. Normalmente, la base contiene un elemento anterior a la formación del topónimo, que refleja la situación lingüística previa. El modificador, un apelativo genérico, por su parte suele reflejar la situación lingüística del momento de creación del híbrido. 

Clasificación de los préstamos en la toponimia

Los préstamos son por estos motivos un excelente recurso para postular potenciales estratigrafías en la evolución lingüística de un territorio. Su plasmación en la toponimia ha sido una herramienta muy recurrida (Mitxelena, Lakarra, Aldai…). Por lo general el préstamo pasa primero a la lengua oral y de esta a la toponimia. 

Siguiendo la prática común de la arqueología de empezar a excavar por las capas más superficiales e ir profundizando para llegar a los estratos más antiguos, presentamos una clasificación de préstamos frecuentes en toponimia en ese orden, de los más recientes a los más antiguos.

  1. Topónimos con préstamo romance vivo: que contienen préstamo romance (balsa, calle, cochera, escoria, muro, pozo, presa, roza, torca, venta)
  2. Topónimos con préstamo romance fósil: que contienen un préstamo latino, vivo en el romance en el momento de contacto, pero que fosiliza en euskera (altu, borin, burgo, bustu, estrada, ka(n)pana, kalze, karra, larrin, rabita, robre, sala, sautu, ubago). Los llamaremos de fósil romance.
  3. Topónimos con préstamo latino vivo: formados a partir de préstamos latinos adaptados a la lengua (abade, area, arka, arku, denda, dorre, eliza, errota, estrata, gari, gastain, gastelu, gerezi, gesal, goba, gorta, gurutz, horma, kabi, kare, kanpo, kresal, kobe, laku, landa, lata, leku, muru, ol(h)a, ortu, oste, pago, piku, portu, sarats, soro, tella, urka, zabor, zaldu)
  4. Topónimos con préstamo antiguo fósil: preexistentes que se integran en la lengua y evolucionan con ella, sea vasca o romance, y que vamos a llamar de fósil antiguo, normalmente latino (albo, angelu, anguta, ante, barro, berro, elke, ermu, foru, jugo, kastra, kirku, luku, luparia, opaku, padura

Algunos de estos formantes son fáciles de clasificar, pero otros son más dudosos, kale, opaku, robre… Dejamos fuera préstamos de origen incierto, langa (< ?palanca), larre (< ?lar). Los más comunes son los préstamo de origen latino que forman parte del léxico común vasco (tipo 3), sin embargo más significativos son los que han fosilizado (tipos 2 y 4), porque aportan información en terminus ante quem (TAQ) del origen del topónimo. Los que contienen préstamo romance vivo (tipo 1) son otra prueba más del contacto de lenguas ininterrumpido desde época antigua, aunque la introducción de genéricos recientes desde el castellano (alberca, balsa, presa, roza, etc.), a veces alusivos a innovaciones técnicas, aportan poca información de la evolución dialectal.

Nuevamente, donde más dudas hallamos es en la distinción entre préstamos antiguos y romances fósiles (entre los tipos 2 y 4), vg. angelu ‘labrantío pequeño’, angostu ‘valle estrecho’, anguta ‘esquina’, etc. Los préstamos antiguos fósiles podría ampliarse si incluimos en él todos los topónimos formados a partir de antropónimo más sufijo posesivo de origen latino (-ika, -iz, -ona, -ano, -ana, -ain); además de otros topónimos mayores como Guetaria, Jugo, Lañu, Laudio, Sojo, Trebiñu, Trebis, Zadorra, etc. cuyos formantes quedaron tempranamente en desuso. Muchos de ellos muestran rasgos latinos conservadores (Lucu, Opacu, Kircu), que se han mantenido fosilizados sin evolución romance (cf. Lugo, Ubago, Circo) hasta el momento del contacto con el euskera (siglos V-VI).

En algunos casos se detectan distintos grados de evolución: –ici > -iz (Albanus-ici > Albeniz), -ica > -ika (Amalio-ica > Amárica), -anus > -ano, -ain (Arrius-anus > Arriano, Anso-anus > Ansoáin). La variación dialectal es más palpable en los préstamos latinos vivos (tipo 3), que a partir del siglo VIII se reflejará en una significativa distribución territorial de variantes: eliza/elexa, soro/solo, gerezi/kerezi, goba/koba, etc.

Algunos de los préstamos más antiguos son exclusivos del área occidental (bolin, kanpana, padura, perran) y cabría descartarlos del léxico predialectal del vasco común antiguo (VCA). Es probable que entre ellos se hallen casos introducidos desde un sustrato protorromance (faedo, padul, sautu, etc).

En situaciones de contacto, la base puede simplemente mostrar formas coetáneas de cualquiera de las lenguas: Txantrea < fr chantre (1774, Mikel Belasko 2017). En esto Txantrea recuerda a Salçadea < salceda+a (1599, Arcaya), o a Tabladua. La utilización de ‘balsa, presa’ en lugar de urmael, idoi, istil, putzu o uharka, términos vascos con significados afines a ‘charca, poza’ también denota la progresiva infiltración del castellano en el uso de genéricos en topónimos con modificador vasco. Y es que, como se ha dicho, el modificador y el apelativo genérico normalmente reflejan la situación lingüística del momento de creación del híbrido.

Balsabarri 1796  [La Balsa 1684, Aríñez], Presabarri [La Presa], Camino de Presabarri (1816), Presabarria (1656). La Pressa (1680), facilita agua al molino de Otazu (del que hay noticia desde 1628).

Fuente: VG05

Híbridos modernos (ss XV-XX)

El genérico solo ‘labrantío’ es el testigo más claro de que la lengua vasca ha estado en uso hasta muy avanzado el siglo XVIII en la mayor parte de la Llanada alavesa. Muchos topónimos se forman asociando este genérico al nombre, oficio, o mote del propietario, Panadera soloa 1691, Rodrigusolo 1619, Tiburcio solo 1881, Tocinosolo 1871 cuya alumbramiento no debió de ser muy anterior al de su paso al documento. 

Otros híbridos

  1. Latín-euskera: Angelubidea, Angostalde, Angutaerreka, Ibarrangelu, Luparibekoa, Lupariburu, Roburoste, Trebisburu
  2. Romance-euskera: Bortibuchi, Bustabarre, Carrizabala, Concebaso, Conchusolo, Joyasolo, Junguiturri, Lombeacogana, Longarazpea, Mataostea, Monasterioguren, Montaspia, Otorabide, Palaziaran, Probostuena, Ribazosacona, Riparan, Royarana, Sautuola, Sojoguchi, Vargachoste, Zagalacocha, Zalborralde
  3. Euskera-romance: Ganalto, Lacorretundo, Sonsarrieta, Valdebelarra, Turriverde, Turrisagrada

Los híbridos que combina una base románica y un genérico vasco dan pista de una estratigrafía para muchos inesperada, ya que revela un estrato romance (borto, busto, carra, joya, lomba, longar, mata, monte, oto ripa, sautu, varga, zagala) al que se le superpone otro vasco (aran, baso, bide, iturri, oste, solo). De esta lista habría que descontar híbridos con préstamo romance coetáneo a la formación del topónimo (Monasterioguren, Palaziaran).

Estratos de la toponimia vasca

Echevarría Isusquiza (1998) plantea cuatro estratos cronológicos para la toponima carranzana, un área vasca en la que el contacto vascorrománico brilla por su ausencia:

  • Toponimia prerromana
  • Toponimia romana
  • Toponimia romance más antigua
  • Toponimia romance superpuesta

Los sufijos son un eficaz indicio para identificar el estrato de los topónimos:

  1. Sufijos prerromanos: -ama (Aldama, Cegama), -amo (Cárcamo), -antia > -anza (Carranza, Mesanza), -aca (Araca, Camaraca)
  2. Sufijos romanos: –anicus/-cum > -go (Berango, Cuartango, Durango)
  3. Sufijos medievales
    1. Románicos: -ana (Antoñana, Durana, Maturana), -ano (Aprícano, Arriano, Catadiano, Zurbano), -etum > -edo (Bernedo, Salcedo), -ona (Estarrona, Hijona, Letona)
    2. Vascorrománicos: -ain (Andoain, Beasain), -ica (Délica, Guernica, Sondica), -iz (Albeniz, Apellániz, Aranguiz, Argómaniz)
    3. Vascos: -aga (Arriaga, Buruaga, Zumarraga), -dui (Ilarduia, Lejardui), -egui (Aranegui, Beotegui), -eta (Arrieta, Azázeta, Lejarreta), -zu (Lejarazu, Querejazu, Zuazu)

No es fácil establecer una diferenciación clara entre sufijo romano y románico, o vascorrománico, ya que todos los románicos derivan de un sufijo latino. Si hacemos la clase románica más inclusiva es porque su periodo de vigencia se mantiene hasta bien entrada la Edad Media (siglos IX-X). Limitamos la clase de sufijos romanos a los que cesan su actividad tempranamente y solo aparecen de forma residual en algunos topónimos (-anicus/-cum: Cuartango, Berango).

A partir de estos indicios, planteamos para la toponimia del País Vasco los siguientes estratos en los que se superponen capas prerromanas, romanas, así como romances y vascas dialectalizadas:

  1. Toponimia prerromana: Aldama, Amboto, Araca, Araico, Araya, Berganzo, Caranca, Cárcamo, Carranza, Cegama, Deva, Guevara, Mesanza, Nervi(ón), Oca, Tertanga, Toloño, Turiso, Uxama Barca
  2. Toponimia antigua (siglos II-V)
    1. Romana: Armentia, Cuartango, Forua, Guinea; Ocio, Pamplona, Treviño, Transponte, Zadorra
    2. Protovasca: Ilumberri, Oiasso
  3. Toponimia tardoantigua y medieval (siglos VI-XI)
    1. Romance: Antoñana, Aramayona, Argandoña, Arriano, Bernedo, Caricedo, La Cogolla, Durana, Ocilla, Oteo, Paúl, Santurce, Somorrostro, Sopelana, Valdegovía, Valmaseda, Valluerca, Vílloda, Zurbano
    2. Vasca: Aberásturi, Arriaga, Azázeta, Barrundia, Basauri, Bolívar, Donostia, Elorza, Gopegui, Imíruri, Iruña, Mendiguren, Sodupe, Ullibarri, Zalduondo, Zuazo, Zumárraga
    3. Vascorrománica: Albeniz, Apodaka, Durango, Estibaliz, Fadura, Faido, Gasteiz, Lakua, Luko, Luquiano, Maturana, Opakua, Trokoniz
    4. De doble tradición: Alboniga/Almika, Artiga/Artika, Cicujano/Zikuñao, Demenigo/Demiku, Llodio/Laudio
    5. Árabe: Albayta, Albazares, Arrabita, Azagra, Peña Rebita, Razaf, Zalama
    6. Incierta: Amárica, Bilbao, Délica, Gatica, Guernica, Mújica, Sondica
  4. Neotoponimia superpuesta
    1. Romance (siglos XII-XVI): Alegría, Contrasta, Salvatierra, Segura, Villareal
    2. Vasca (siglo XX): Erribera Beitia, Gaubea, Sukarrieta,

Se mezclan (que no confunden) tres cosas en esta clasificación: la cronología del formante del topónimo, el momento probable de su acuñación y la datación documental. Creo que es una práctica habitual y difícil de soslayar. Para algunos casos, Deva, Guevara, Nervión, existe prueba documental cercana al origen. Para otros, en cambio, Cárcamo, Caranca, Araca, el primer testimonio documental es muy alejado del supuesto momento de origen. Pero ¿en qué otro periodo pudieron acuñarse estos topónimos si sus formantes quedaron en desuso? No es el caso de topónimos como Las Vargas, o La Barrosa, derivados de formantes prerromanos, barga ‘campo inundado’, barro, que se han mantenido en uso hasta la actualidad.

Comentario propio del 18 de junio.

La Cogolla, monte de Campezo, es con toda probabilidad un topónimo romance, derivado del latín cucullus ‘capucho’, aunque la voz sea de origen celta (según DRAE, cf. irl. cochull). Que el origen sea celta no convierte al topónimo en prerromano, puesto que el término ‘cogollo/a’ pasó desde el latín a formar parte del léxico común romance. Hay que recordar además que salvo algunos casos excepcionales, el origen de la mayor parte de los topónimos menores no se remonta más allá del siglo VIII.

Hemos añadido un estrato árabe que estaría bien representado en la Ribera navarra (Albazares, Azagra, Razaf, etc.). En el resto del país hallamos muy pocos casos, que además son inseguros: Albayta (hoy Albeniz), Arrabita, Peña Rebita (apud Emiliana Ramos < ar. ribāṭ ‘rábida’, ‘puesto de vigilancia’), Zalama (< ar. salām ‘paz’).

Aunque la estratigrafía de topónimos vascos que proponemos parece discreta (en el sentido de estar bien delimida en estratos diferenciados), no lo es del todo. Es, en realidad, un continuo más o menos granulado que, en la medida en que vayamos ajustando los ‘requisitos’ se producirá un seguro baile de componentes. Por ejemplo, la frontera entre topónimo romano y románico es muy dificil de trazar, porque la transición entre uno y otro es gradual (vg. altarium vs otero, cucullus vs cogollo, ostium ‘entrada’ vs ocio). Además se basa en conjeturas difíciles de comprobar. Nos gustaría poder aplicar un criterio cronológico, como la supuesta fecha de origen, vg. Pamplona (siglo I), Forua (siglo II), etc. ¿Pero cómo averiguar en qué momento surgieron Altarium hoy (Oteo), Ostium (hoy Ocio), Transponte (hoy Trespuentes), o Trifinium (hoy Treviño)? ¿En qué momento dejaron de ser términos comunes altarium ‘altozano’ y ostium ‘entrada, portillo’ quedando fosilizados en la toponimia; vg. padul ‘charca’, Paúl (romance), Padura (vasca)? ¿Hay que suponer un origen latino (siglos I-V) y una evolución romance, o directamente un origen romance (siglos VI-X)? Para Transponte por ejemplo habría que pensar con lógica en una fecha en la que la ciudad romana de Veleia, en la orilla opuesta del río, aún no se había despoblado (ca siglos V-VI). Asimismo, ese río en el que vierten las aguas de la Llanada, posiblemente denominado Auca ‘agua’ (> Oca) por los indígenas prerromanos, ¿pasó a denominarse Saburra ‘zahorra, arena’ (> Zadorra) con el auge constructivo de Roma? Son, en definitiva, interrogantes y especulaciones imposibles de demostrar, o desmentir.

Por su parte, la clase de topónimos vascorrománicos es también muy difícil de distinguir de los que definimos como genuinamente ‘vascos’, pero tiene ventajas mantenerlos diferenciados por su especial utilidad para la estratificación que pretendemos. Si el topónimo vasco tiene algún aporte latinorrománico que haya seguido la evolución fonética del euskera, lo clasificaremos como vascorrománico. La mayor parte de estos préstamos aportan indicios muy valiosos (ver la clasificación de préstamos de arriba). Así, caben varias opciones. La más frecuente es que el topónimo contenga un préstamo incorporado tempranamente al vasco común antiguo (gezal < lat. aquae sal; hobi < gasc. hobi, lat. *foueum; lakua < lat. lacus; olha < gasc. hoelhà, lat. folia; zaldu < lat. saltus, etc.). Pero a veces existe la posibilidad de interpretarlo como sustrato latino conservado (fosilizado sin evolución romance) hasta el momento del contacto (Apodaka < lat. caput aqua, Kirku < lat. circus, Luko < lat. lucus, Opakua < lat. opācus, Padura < lat. tard. padule, etc.). Otros muchos topónimos, sobre todo en el área más occidental, se forman sobre préstamos románicos medievales (abade, boli, carra, estrada, sautu, etc.). Por su parte, los deantropónimos en -iz (equivalente al -ez romance) entran también en esta clase porque este sufijo es la evolución vasca del genitivo latino -ici. (Ver documento adjunto con datos adicionales.)

[ En preparación. Actualizado 29.06.2020 ]

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22 respuestas a «Sobre la estratigrafía lingüística del País Vasco»

En realidad, hay dos ol(h)a homónimos en euskera:

1) el que significa ‘fragua’, del protoeuskera *oLa (donde L representa la lateral fuerte en la reconstrucción de Mitxelena), y que proviene del céltico *ordā ‘martillo’.

2) el que significa ‘cabaña’ (y también ‘lugar’ como sufijo toponímico), cuya protoforma es *boLa (roncalés õla) y está relacionado con txabola < *tsa-boLa. Su origen es el occitano (¿galo-romance?) borda.

Mi impresión es que, como ocurre en sueco, la combinación /r+d/ produjo una consonante retrofleja /ɖ/, confundida en euskera con la lateral fuerte de origen romance. A este respecto, hay indicios de que el ibérico tenía una consonante de este tipo, por lo que probablemente el paleoeuskera (que no el protoeuskera) también la tendría.

Gracias de nuevo, Octavià. Puede que tengas razón sobre el doble origen y consecuente homonimia de olha, aunque creo que no hay razones objetivas para confirmarlo, pues la metonimia es una relación semántica que permite este tipo de ampliaciones de significado a partir de un único origen. En todo caso, para este préstamo me limito a recoger la propuesta de Luis Mari Zaldua (2015) que parece contar con el placet de Patxi Salaberria y Joseba Lakarra; pero no seré yo quien descarte tu explicación alternativa.

Por otra parte, tu análisis de «la combinación /r+d/ [que] produjo una consonante retrofleja /ɖ/, confundida en euskera con la lateral fuerte de origen romance» me resulta altamente sugerente, aunque una vez más no me siento capacitado para emitir un juicio experto.

Aunque en euskera moderno las acepciones ‘fragua’ y ‘cabaña’ se hayan convergido en la misma palabra, hay razones objetivas para considerar que se trata de dos etimologías distintas. La primera sería la vocal nasal de la forma roncalesa õla, que apunta hacia una antigua consonante labial, conservada en txabola (de la cual descartamos un origen romance). La segunda, pero no menos importante, es la divergencia en los verbos derivados: por un lado tenemos ol(h)atu (bajo navarro, suletino) ‘golpear con violencia’, y por otro olhatü (suletino) ‘residir en las cabañas; llevar el ganado a los pastos (trashumancia)’.

Por otro lado, y como comentaba en la otra entrada, el tema de la(s) retrofleja(s) es una de las anomalías más evidentes del sistema fonológico del proto-euskera o «vasco-común antiguo».

Muy buenas. Estoy leyendo el artículo, contiene mucha toponimia. Es dificil clasificar tantos nombres, de muchos topónimos solo tenemos un ejemplo, y puede que si encontramos varios, aunque ahora se escriban igual, su origen sea diferente. Creo que Guinea (Kinea 1.025) no tiene nada que ver con Calzada *(e)quinea., que me imagino que es lo que tienes en mente.Y he recordado un video tuyo en el que te preguntas durante una conferencia… ¿hubo vascos en … guinea ? , por la evolución k>g . En cualquier caso, no se puede atribuir su origen a siglos anteriores al X. Por otro lado, Gaubea aparece en dos cartularios antes del año 1.000 creo recordar, no es el caso de Salinas de Añana , que es Gesaltza desde antes de ayer. Bueno, no creo en la vasconizacion tardía, pero me resulta muy dificil creer que Ilumberri y Oiasso sean posteriores a Cárcamo o Carasta. Al menos aparecen documentados antes, por que ni Guinea ni Cárcamo ni Carasta aparecen hasta Valpuesta o San Millan. Y Y respecto a el timeline linguistico de Isuskiza , decir que ojala fuera todo asi de sencillo, pero me temo que han ocurrido muchas mas cosas que esos cuatro pasos, sobre todo desde que no tenemos referencias escritas, o sea, la mayoria del tiempo. Ha habido idas y venidas que han dado hasta para que se dejase de hablar una lengua y volviese a hablarse mas tarde. Hay mas que esos cuatro estratos, y por eso las cosas no encajan. Al menos , eso pienso yo. Saludos, Joseba.

Hay etimologías que me rechinan, como p.ej. gezal, k(r)esal, supuestamente del latín aquae sal, o Apodaka de caput aqua. Esta última sería más bien de una forma romance *capo d’aka. Tampoco Zadorra viene directamente del latín, sino a través del romance zaborra, adaptada en euskera como zabor.

Otros préstamos que no son de origen latino, aunque en algunos casos probablemente llegaron del romance, son p.ej. landa, larre, (k)abia. Tampoco veo que sarats tenga algo que ver con el latín, y tella es 100% romance (probablemente aragonés).

Gracias, Octavià: ¿te rechinan «gezal, k(r)esal, supuestamente del latín aquae sal, o Apodaka de caput aqua» (como proponía Mitxelena)? Yo no voy a argumentar a favor o en contra, pero las veo muy factibles, sobre todo después de descubrir la surgencia de agua que hay en Apodaka. «Esta última sería más bien de una forma romance *capo d’aka», dices (¿pero puede ser romance aka?).
«Tampoco Zadorra viene directamente del latín, sino a través del romance zaborra, adaptada en euskera como zabor». Supongo que tendrás motivos bien fundados para retrasar el momento de adopción del préstamo, que creo en ambos casos se produce por sustrato. Son, para mí, cronologías muy difíciles de concretar y entiendo que tú las llevas a ¿ca siglo V-VI?

Joseba, el sustrato no es latín clásico como p.ej. caput aqua o saburra, sino romance evolucionado a partir del latín vulgar. Por otro lado, las etimologías de Mitxelena tienen más de 50 años y están desfasadas.

Hola, Javi. Guinea es un Quinea como la copa de un pino y es que además por allí pasaba la calzada romana que unía Flaviobriga (Castro Urdiales) con Deobriga, vía Uxama Barca (Osma), de donde partía un ramal dirección a Iruña-Veleia, cf Isaac Moreno (2013). Dice este autor sobre Quinea: «topónimo de origen medieval ampliamente repetido en lugares de España por donde discurre una vía romana. Podría incluso hacer alusión a vía equínea o carretera, infraestructuras aptas para el galope y mucho más exigentes que los caminos de mulos y asnos, reducidos a las sendas impracticables para carros y caballos» (2006:40).

Sobre Valdegovía no hace falta buscar tres pies al gato, la forma Gaubea no tiene nada de vasca (Valle Govie, Valle Gaubea, Vallem de Govia, Valdegovia); la letra ‘u’ hay que interpretarla como la bilabial ‘b’, donde ‘au’ es un cultismo por ‘o’. Govía ~ gavia, del lat. cavea ‘cavidad’, ‘jaula’ (cf Ciérbide, Ruiz de Loizaga, Corominas, etc.).

En el occidente de Álava hay topónimos vascos, como alguno de los que has recopilado (cf Onandia Fuentes), pues es zona de contacto, pero son minoritarios y en cierta medida episódicos. Posiblemente responden al momento de expansión vascona de los siglos VIII-XII. Son desde luego un elemento de enorme interés, pero que no pueden empañar el pasado lingüístico de este territorio, cuna de un pujante romance castellano que participa del continuo norteño, con sus aledaños burgaleses y cántabros.

Aspaldiko! Lagun bat eta biok ari gara diletanteki zenbait hitz eta hitz-erro aztarrikatzen. Elgorri , nafar aragonesz Gorrillon edo, Aran eta Arañon Astigar Azkar eta Escarron eta Escarronero.
Bizquero omen da Sobrarben eta etxegaineko «tectum»eko gapirio nagusia. Exaberri’-ez lekorat baditugu Baranetas beraz Haran hortik jina izan leite… Ibai Ur-viam… Ibia Ur-viam Ibon… San Miguel de Areceta Jaketanian Ares Arets Aretx Areitz… (F)Leixardoya Antson baina Selva D’Ozan geografikoki. Bada non iker eta nondik proposamen berriak atera…

Se me hace muy difícil, Pedro, que en la Jacetania pueda explicarse ares por occ. arex. Más viable veo directamente Areceta desde or. ariz-eta

«San Miguel de Areceta» horrekin batera, baditugu garai bereantsu Bergaran bertan antzeko beste bat: «San Migel de Arizeta» edo hola (beste leku batzuetan ere bai ), eta denak ere toki sakratuak omen ziren, numen zaharrei lotuak… Ez dakigu zer dugun oinen azpian ere. Zer arraio egiten du «Aquira» batek Uxuen, edota Aquirazabal-ek, edota Boxagare-k?

Don Javi, a mí lo que me resulta muy difícil de creer es que un topónimo que contiene el elemento -berri «nuevo» (-beri– en la mención de Plinio) sea anterior a otro que contiene el sufijo -amo.

Hola, Buruto. Una pregunta. ¿El elemento -beri de la mención de Plinio refleja una vibrante simple o múltiple? Estoy viendo en la estela funeraria de la iglesia de Saint-Martin de Cazaril-Laspènes (Alto Garona) que la múltiple se representa con doble RR: «HOTARRI ORCOTARRIS F(ILIO) / SENARRI ELONI FILIAE / BONTAR HOTARRIS F(ILIUS) EX TESTAMENTO»

Hay en todo esto una cuestión de fonto que plantea Onandia Fuentes y que no está explícitamente aclarada en mi texto. Y es que se mezclan (que no confunden) tres cosas: la cronología del formante del topónimo, el momento probable de su acuñación y la datación documental. Creo que es una práctica habitual y difícil de soslayar. Para algunos casos, Deva, Guevara, Nervión, existe prueba documental cercana al origen. Para otros, en cambio, Cárcamo, Caranca, Araca, el primer testimonio documental es muy alejado del supuesto momento de origen. Pero ¿en qué otro periodo pudieron acuñarse estos topónimos si sus formantes quedaron en desuso? No es el caso de topónimos como Las Vargas, o La Barrosa, derivados de formantes prerromanos, barga ‘campo inundado’, barro, que se han mantenido en uso hasta la actualidad.

Pero es que la epigrafía es una fuente directa donde el lapicida oye pronunciado el nombre, si es que no es un hablante nativo él mismo. Por eso en Cazaril-Laspènes y otros epígrafes aquitanos aparece la vibrante múltiple más adecuadamente transcrita. Las objeciones al Ilu(m)beritani de Plinio (HN III, 24) como Irunberri / Lumbier, al menos las de Villar (2005), van más (a) porque está en una lista con lugares muy desperdigados (pero es que nombra todas las ciudades estipendiarias de Caesaraugusta no según ninguna disposición geográfica sino por orden alfabético, a todas luces porque las copia de algún censo), y (b) porque Plinio dice Iluberitani (pero en algún códice sí que pone Ilumberitani).

Guevara y Nervión… son celtas pero post-celtíberos, seguramente procedentes de tribus galas empujadas por los movimientos provocados de los belgas al pasar el Rhin, en siglos III – II a.C. Parecen réplicas de étnonimos galos bien conocidos (nervi, gabali…).

Cárcamo… el sufijo es celta (el -amo/a superlativo), pero creo que la base no es distintiva como para fijar una cronología. Y lo mismo Araca.

Deva… indoeuropeo. Es muy difícil adscribirle una cronología, o incluso establecer si es celta o precelta (como cree Villar, según el vocalismo).

Las Vargas, la Barrosa… si sobrevive en el léxico común puede fijarse como topónimo anteayer mismo, independientemente de que el apelativo sea de etimología preindoeuropea o nostrática (es un decir).

In my humble opinion, of couse.

Hola a todos. Va a ser muy dificil saber si Cárcamo es anterior o posterior a ilumberri, por que Cárcamo no aparece citado hasta la edad media: Karkamu, creo. Yo me imagino que se refiere a una cárcava, hueco en el terreno, Si, Joseba. Yo; si hablamos de si un topónimo es mas antiguo que otro, voy a pensar en la cronología del formante. De otra forma, si me preguntan que pienso yo que es mas antiguo, si Cárcamo o Uxama Barca, pues diría Uxama, que está citada mucho antes. Sobre Guinea, tu explicación es convincente: creo que tienes razón. Ah , en la reja no pone Kinea, sino Kineia, se me olvidaba. Y he visto que en Guinea hay un termino en el monte que llaman Guiñuela, y al lado en Cárcamo, dos Griñuelas. Calzada como topónimo menor, en esos pueblos ya no aparece, algún carra… si. Saludos, y os leo. Es un post que da para mucho.

Don Javi, en toponimia la atestiguación directa no es el único criterio para establecer la antigüedad de un topónimo, pero si la establece usted como tal, entonces debería ser coherente hasta las últimas consecuencias. Dice usted más arriba que «no cre[e] en» la (mal llamada) vasconización tardía, pero en su último mensaje señala que Cárcamo «no aparece citado hasta la edad media». Sabrá usted que tampoco aparece citado en fuente alguna, hasta la Edad Media, ningún topónimo de filiación aquitana o euskérica relativo a Álava o Vizcaya/Guipúzcoa, y que en cambio en fuentes epigráficas, o de geógrafos, historiadores… de la Antigüedad, para esos territorios aparecen numerosos topónimos de filiación indoeuropea. Si es usted coherente con la metodología que se ha asignado a sí mismo, debería reconocer que, hasta que no se demuestre lo contrario, lo que se hablaba en Álava y Vizcaya, antes de la Romanización, era una lengua indoeuropea.

Ojo, el documento de la Reja de San Millán es una falsificación del siglo xII. Las conclusiones o hipotesis que se saquen deben ser acordes a minimo 100 años después de la fecha del documento

Muchas gracias, Roberto, por la advertencia. Es verdad que la Reja muchas veces se cita junto a Los votos de San Millán, que sí se ha demostrado ser un falsario dos siglos posterior a la fecha pretendida; pero varios autores han defendido la veracidad de la fecha (1025) para el listado de topónimos de la Reja (vg David Peterson 2008, 2012).

He consultado el trabajo de Peterson que citas con los cambios de fechas y no encuentro ninguna mención al doc de la Reja. No digo que no este, si no que no lo encuentro. Me creo que Peterson defienda el documento así como otros muchos, que han estudiado el documento y han publicado trabajos en base a este documento, es duro tener que dar marcha atrás. Yo personalmente me creo más a Gonzalo Martinez Diez en “ El monasterio de San Millán y sus monasterios filiales: documentación emilianense y diplomas apócrifos» pag 52 conclusiones. Le creo mas a Gonzalo, primero por que el mismo objeto del documento (lugares que pagan en hierro a San Millan) ya induce a pensar en el tongo, y segundo por que nadie conoce mejor la documentación condal castellana y sus apocrifios como el desaparecido padre Gonzalo como para intuir donde esta el tongo

Hola, Roberto. Copio el resumen del artículo de 2012 de Peterson:

«Se estudian los primeros textos referentes al enclave de Treviño que datan de los siglos IX-XII, contrastando la aparición temprana de algunos núcleos (Arganzón, 801) con la tardanza de otros, el caso de Treviño. Se intenta descifrar la lista de dieciséis iglesias, muchas de ellas del extremo occidental del enclave, donadas a San Vicente de Acosta en 871, situando la noticia en el contexto de las diferentes series de falsificaciones creadas en el archivo de San Millán de la Cogolla. Por último, se contempla el significado y origen del célebre texto conocido como la Reja (1025), relacionando su aparición en el archivo de San Millán con el breve periodo a mediados del siglo XI cuando el abad del cenobio riojano ostentó el título de obispo de Álava.»

En este trabajo, David Peterson aborda directamente la diplomática apócrifa del Becerro Galicano, pero deja fuera el texto de la Reja. Mantiene de forma muy significativa la fecha de su datación, 1025, y aporta una interpretación historiográfica muy sugerente, «el breve periodo a mediados del siglo XI cuando el abad del cenobio riojano ostentó el título de obispo de Álava». En conversaciones posteriores, David se ha reafirmado siempre en su certeza acerca de la autenticidad del documento, la veracidad de la fecha del texto gótico original, así como del significado del censo.

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